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Jonathan deja atrás el rencor y la violencia gracias al Hermano Mayor

Jonathan tiene 22 años y es impulsivo, vengativo e irresponsable. Ser futbolista es la única profesión que contempla. Mientras tanto, la ruleta y la venta de sustancias ilegales son su única fuente de ingresos. Desde hace varios años no hay diálogos entre madre e hijo. Sólo se comunican con insultos y gritos.

Acumula tanta rabia contra su madre -a la que acusa de ser muy negativa y a la que le reprocha que siempre le esté gritando- que la convivencia entre los dos es imposible.
En casa, la situación es insoportable. La separación de sus padres y el fracaso escolar han terminado por forjar su conflictivo carácter. Siendo menor fue condenado por un robo y ahora dice que obtiene el dinero de lo que gana en el casino y trapicheando.

UN PLAN DE VIDA MUY CÓMODO
Dormir hasta tarde, delinquir o jugar a la ruleta es el día a día de Jonathan. Su objetivo es que sea consciente de lo que significa una madre, que deje atrás el pasado y que sienta la necesidad de labrarse un futuro.


PRIMER CONTACTO CON EL HERMANO MAYOR
Pedro García Aguado le pilla saliendo de una sala de juegos y le pide un gesto, que pague una de las muchas multas que le han puesto.
Jonathan no trabaja ni colabora en casa. Vive rodeado de basura y ha dejado que su habitación se convierta en una cloaca. Pedro le pide que ordene su cuarto, pero así se lo toma Jonathan.


UNA VIDA QUE VA EN PICADO
La vida de Jonathan tiene desde por la mañana constantes altibajos emocionales que le convierte en una persona insegura, rencorosa y violenta. El ‘Hermano Mayor’ quiere hacerle ver que esa forma de gestionar su ira es perjudicial para él. Para que Jonathan sea consciente de su comportamiento, Pedro pide ayuda a un instructor de vuelos.


SE DERRUMBA CON LOS CONSEJOS DE PEDRO
Poco a poco, Jonathan se da cuenta de con violencia y agresividad no va a conseguir nada y de que sólo él es el responsable de su futuro. Al final, aprende a perdonar los errores de su madre.