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El séptimo caso: Iván

Iván desprecia a su madre, Cati, porque cree que no sabe qué significa ser madre. Se empeña en que nunca le han importado sus hijos y se encierra en ese pensamiento para hacerle daño.
El rencor que siente Iván hace que la convivencia sea difícil. Ese desprecio provoca una furia irremediable en él y lo canaliza con gritos, insultos o puñetazos en puertas y paredes.
Iván no supera la muerte de su padre. A partir de entonces, su madre se tuvo que poner a trabajar día y noche para alimentar a sus cinco hijos.
Pero Iván, lejos de agradecerle todo ese esfuerzo, le reprocha la falta de cariño y que dejase de lado su educación.