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Una reconciliación que parecía imposible

Pedro García Aguado ha intervenido en una situación familiar que parecía no tener ningún tipo de solución. La relación entre Jonathan y su madre lleva cuatro años siendo un auténtico infierno debido de los problemas de conducta del chico: un joven agresivo machista y destructivo que consume drogas desde los doce años.

Una convivencia realmente insoportable

En el programa de esta semana, hemos sido testigos de cómo es un día corriente en la vida de Jonathan: sin trabajo, este joven pasa las horas fumando porros, bebiendo cerveza y tratando a su madre como si fuera su sirvienta. "Sírveme la cena, aparta de ahí y tienes que hacerlo porque eres mi madre y además eres mujer" son el tipo de frases que Inma tiene que soportar a diario para evitar que su hijo se ponga agresivo, como suele ser habitual. Cuando Jonathan no consigue de su madre lo que quiere, rompe vasos, tira mesas y se pone tan furioso que ella se oculta en el último rincón de su casa muerta de miedo y de impotencia.
Inma no entiende cómo su hijo ha llegado a ser así. "De pequeño era un chico muy cariñoso, muy sociable, siempre estaba contento", le ha explicado a Pedro, quien ha querido encontrar el momento en el que Jonathan comenzó a cambiar de personalidad. A los trece años, Inma se separó y se fue a Canarias con otro hombre, llevándose a su hijo con ella. Los celos de Jonathan al ver su familia desestructurada y a su madre con otra persona fueron tan fuertes, que empezó a consumir cocaína y todo tipo de sustancias. Inma no sólo no supo parar este consumo sino que, además, participó en él.
Madre e hijo consumiendo drogas juntos

Inma es una mujer muy insegura que ha dejado que la situación se le escape de las manos. Uno de los errores que cometió fue permitir que su hijo se drogara en su casa y participar ella también en ese consumo. "Yo le he visto consumir cocaína y me he puesto yo también y un día trajeron ketamina a casa y le dije que la quería probar". Por su baja falta de autoestima, Jonathan ha llegado a dominar a su madre, impidiendo, incluso, que ésta salga con hombres para que rehaga su vida. Antes de que apareciera Pedro, Inma estaba pensando en abandonar definitivamente a su hijo.
La última oportunidad para ser felices
Tanto Inma como Jonathan han comprendido que los dos tienen que someterse a terapia para poder mejorar la forma que tiene de ver sus relaciones con los demás y a sí mismos y, una vez entendido esto, han decidido seguir viviendo juntos y darse una última oportunidad.