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Elisabeth, a Rebeca: “No me vuelvas a dirigir la palabra, so rancia”

Jonathan metió cizaña para que sus chicas se enfrentaran por él


Los juegos de Jonathan, picando a sus pretendientas para que peleen por él, están teniendo un gran efecto. Todo comenzó cuando el granjero confesó que eligió a Rebeca sin dudarlo, pero que con Elisabeth no lo tuvo tan claro. La reacción de las chicas no se hizo esperar, comenzaron con unas puyitas y terminaron a gritos. Mientras tanto, el Don Juan, lejos de preocuparse por el estado anímico de sus chicas tras la bronca, centró sus energías en convencerlas para que se acostaran con él, pero no tuvo éxito.
“Si supierais vosotros que, sin conoceros, yo ya sabía con quién me iba a quedar. Aunque contigo he dudado, Elisabeth, porque Rebeca sí que venía al cien por cien”. Este comentario de Jonathan a sus chicas ha sido la chispa que ha hecho estallar la bomba entre ellas.
Elisabeth se ha ofendido al escuchar a su Don Juan y, aunque le ha espetado que no le había echo gracia el comentario, a quien ha atacado ha sido a su rival, Rebeca: “Ahora me voy a callar yo y os voy a mirar a vosotros a ver qué hacéis, ahora que hable la mudita”. Ofendidísima, la pretendienta ha confesado también que no está dispuesta a “ser plato de segunda mesa, ni mucho menos a que jueguen conmigo, porque ya me han hecho mucho daño”.
Los piques no quedaron ahí, Rebeca, como era de esperar, contestó a su rival llamándola “cotorra”, algo que no hizo más que empeorar la situación. Minutos después, las dos pretendientas hablaron e hicieron las paces, pero Jonathan no estaba dispuesto a que hubiera paz y volvió a hacer de las suyas, magreándose con Elisabeth ante los sorprendidos ojos de su otra pretendienta.
La tensión continuó aumentando, sobre todo cuando Jonathan propuso a sus chicas jugar a la botella, pero esta vez el juego tenía una variación, la chica a la que apuntara la botella iría a dormir con él. La afortunada fue Rebeca, algo que a Elisabeth le hizo mucha gracia, según ella porque la veía tan paradita que no creía que pudiera estar a la altura. Obviamente, Rebeca se enfadó y explotó con su compañera: “Eres una falsa”.
La caja de Pandora estalló, ya que Elisabeth no estaba dispuesta a aguantar que absolutamente nadie la tildara de “falsa”: “No pienso entrar en tu juego, porque yo siempre te lo estoy contando todo, así que si soy falsa, lo seré solo para ti. Lo que no voy a hacer más es gastarte bromas. Así que, no vuelvas a hablarme más, so rancia”.
Elisabeth estalló y soltó todo lo que había estado guardando desde que conoció a su compañera: “A mí no me llama nadie falsa así como así, cuando valgo más por lo que callo que por lo que hablo. Es que ya no puedo más, Rebeca tiene un rollo fuera y encima me llama falsa. Pues ahora sí que soy falsa, porque le prometí que no lo contaría”.
Rebeca se derrumbó, sintió que su compañera le había faltado el respeto y, aunque no sabía que su compañera había desvelado su supuesto secreto, las ganas de compartir lecho con su granjero se desvanecieron por completo. Jonathan ni se inmutó, más bien todo lo contrario, se frotó las manos. Para echar más leña al fuego y al saber que Rebeca no quería dormir, Jonathan intentó convencer a Elisabeth para que se metiera en su cama.
Primero lo intentó con palabras bonitas: “¡Qué pena que no girara la botella cuando tenía que haber girado!”. Ante la negativa de la pretendienta, recurrió a la insistencia, pero al ver que tampoco estaba consiguiendo su propósito, abrió su corazón: “Vente, acuéstate conmigo, que se me está levantando la hidraúlica”.
Al final, sus bonitas palabras no causaron el efecto que pretendía y Jonathan tuvo que dormir solo, eso sí, su propósito de picar a las pretendientas para que sacaran las uñas en su lucha por él sí fue todo un éxito.