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Capítulo 6. Orangutanes

Frank da de beber a un orangutáncuatro.com
El nuevo aventurero de Cuatro, Frank de la Jungla, desvela en este episodio los secretos de los orangutanes
El orangután es el animal que más se parece al ser humano. Este simio comparte el 97 por ciento del ADN del hombre. Un dicho malayo cuenta que a este animal "solo le falta hablar pero que no lo hace para que el hombre no le ponga a trabajar". En el mundo solo quedan 50.000 orangutanes. Los bosques de Sumatra, en Indonesia, y Kalimanta en Borneo, son los dos únicos lugares donde vive el orangután salvaje. Hoy conocemos en profundidad a este fascinante animal de comportamientos humanos. Sus dos únicos enemigos son los cazadores furtivos y la incesante tala de árboles de los bosques.
A Frank le acompaña en su aventura por el Parque Nacional Gunung Leuser, Eddy the jungle, un nativo que vive junto a los orangutanes. Ataviado con un taparrabos y unas pinturas de guerra, Eddy se comunica con estos animales mediante sonidos. Ellos, lentamente, van apareciendo en la selva a su llamada. Es un ritual que muy poca gente puede hacer. "Este tío está loco, mira cómo trepa al árbol", cuenta Frank al ver su destreza para escalar a un milenario tronco de 30 metros.
En Sumatra existe un centro de rehabilitación para orangutanes que salieron de manera ilegal de la selva. Aquí viven 51 ejemplares que fueron vendidos en el mercado negro a clientes particulares. "Mírale el cuello a este", cuenta Ian Singleton, director del centro. El ejemplar tiene la piel en carne viva. Es la señal del collar que le tenía puesto su dueño. Son decenas de simios que de manera traumática cambiaron su hábitat natural, el estado salvaje en la naturaleza, por casas, jaulas o simples cajas de madera. "Este está ciego, le tirotearon una ráfaga de balas en los ojos", confiesa Ian. En este centro les ayudan a superar los traumas y lo que es mas importante: les enseñan a volver a ser libres. En el proceso de readaptación al "estilo de vida orangután", dos cuidadores se suben a los árboles con las crías para que empiecen a pasar de rama en rama. Nunca lo pudieron hacer porque su casa era una jaula o la habitación de una vivienda. Pero tienen miedo y no pierden de vista a sus "papás adoptivos".