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Patricia, obligada por su madre a prostituirse para poder mantener a su hijo

Patricia tiene 27 años. Apenas hace 6 meses que consiguió salir del infierno de la esclavitud sexual. Cuando su madre se entera que va a ser madre la pone entre la espada y la pared: “Tienes que pensar qué vas a hacer para mantener a tu hijo”. La madre sabe que su hermana mayor se dedica al ejercicio de la prostitución y la invita a dedicarse a lo mismo.

La madre de Patricia obliga a su hija a introducirse en el mundo de la prostitución
Patricia, que acaba de dar a luz a su primer hijo, no se puede creer la exigencia de su madre a cambio del dinero que le debe: dedicarse a la prostitución como su hermana. Un hecho que aunque escandalice, Santiago Yerga, abogado y experto en trata, asegura que es algo habitual en el mundo de las redes de trata de personas. Miriam Benterrak apunta que los padres en muchas ocasiones son personas que no tienen ese vínculo afectivo y pueden acabar explotando.
Su dura primera experiencia
Patricia nunca podrá olvidar el primer día en el piso. Con el primer cliente tuvo suerte y al darse éste cuenta de la situación de Patricia, decidió no hacer nada y tan solo hablar con ella. El segundo no fue así. Un momento lleno de angustia que le destrozó. 
Obligada a un show lésbico con drogas durante tres días

Patricia vivió durante 3 días como “un muñeco” para un cliente, que apenas podía mantenerse en pie debido al efecto de las drogas. Un show lésbico, que su jefe había prometido, y ante el que ella se sintió asqueada, rodeada de la cocaína del cliente conforman una de las peores experiencias de su vida.
El dueño de la casa donde se prostituye intenta violarla
Una noche que su compañera está haciendo un servicio a domicilio y que ella está sola en el piso, recibe la inesperada visita de su jefe. Vestida para ejercer, únicamente con un picardías, Patricia sale del baño y se topa con él de bruces: “Vas a ser mía porque yo lo digo”. Tras un breve y violento forcejeo, Patricia logra zafarse de él y corre a la cocina para agarrar un cuchillo y frenar sus intenciones: “Vuelve a ponerme las manos encima y te mato”. 
Patricia decide poner fin a su odisea
Patricia todavía ejerce durante algunos meses más pero el día que empieza su curso en APRAMP es cuando pone fin definitivamente a su odisea. “Yo veía un futuro muy negro, muy triste… ¿qué le voy a decir a mi hijo cuando sea mayor y me pregunte en qué trabajo?”. El día que se lo comunica a su madre, ésta la echa de casa con su bebé y Patricia entra en una profunda depresión.