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María: "Con mi primer cliente sentí asco de mi persona y de mi cuerpo"

Según estimaciones de la policía, en España hay unas 45.000 esclavas sexuales, mujeres que están obligadas a ejercer la prostitución. Viven encerradas, amenazadasm torturadas... y aunque la prostitución no está penada en nuestro país, sí que lo está el secuestro, la extrosión, las agresiones y las violaciones. Todo esto es lo sufren las víctimas de trata, un delito también recogido en nuestro Código Penal desde 2010. María es una superviviente de trata de mujeres, un calvario que duró dos años y que hasta ahora nunca se había atrevido a hablar por miedo y por el dolor que le causa recordar este infierno. La historia de María, en vídeos.

María: "Mis padres nunca se ocuparon de mí"
María vivía en una ciudad pequeña de Rumania. Era hija única, pero nunca conectó con sus padres ni vivió con ellos. Como no tenían casa, la dejaron con sus abuelos después de nacer, de los que siempre recibió mucho cariño: "Mis padres nunca se ocuparon de mí… Siempre me he criado con mis abuelos". Su abuela estaba muy pendiente de ella, la protegía mucho, la cuidaba. Cuando murieron, María tenía 20 años: "Me quedó un terrible vacío, algo murió en mí para siempre". Al quedarse sola, la joven tuvo que mudarse a casa de sus padres, pero estos no la prestaban atención y ella hacía lo que le daba la gana en todo momento.
María, sobre su pareja: "Tardó dos años en conquistarme"
María comenzó a trabajar en un bar, donde un cliente trató de tener una cita con ella durante mucho tiempo: "Durante varios días me llamó, pero no le cogía el teléfono. Un día se lo cogí…", relata todavía con sentimiento de culpabilidad. Poco a poco fue enamorándose de él: !Su interés por mí, me hacía sentir bien… era como si estuviera con mi abuela. Aunque luego fue horrible, se sirvió de eso, se aprovechó de mí y… cuando te das cuenta es tarde y además te sientes una mierda.
Ahora María e culpa y se arrepiente por ello, pero en aquellos momentos él había conseguido que se sintiese muy enamorada. El chico le llamaba constantemente, le preguntaba si había comido bien, estaba pendiente de ella y eso la sedujo y cubrió el vacío que sentía. Al poco tiempo se fue a vivir a su casa, donde no tardó en llevarse una desagradable sorpresa.
María: "El que creía que era mi novio me encerró en casa y me quitó el pasaporte"
Muy pronto él empezó a cambiar. Un día, María se preparaba para ir a trabajar y él comenzó a gritarle, a decirle que con esa ropa no iba a ir al bar, que allí iba a ligar… y la encerró en casa con llave. "Fue a buscar a una compañera de trabajo y con una navaja en el cuello, le dijo que si hablaba de mí, iría a buscarla y no lo contaría más", relata la joven todavía aterrada.
Su captor le quitó el pasaporte y le aseguró que ahora su vida dependía de él: "Me dijo que no hacía falta que trabajara, que podía darle en un día lo que ganaba en un mes. No entendía nada, a qué se refería… pero ya empecé a asustarme, no me dejaba salir de casa, estaba siempre encerrada”.
María: "Terminé haciendo lo que él me pedía"
En su proceso de anulación, el 'lover-boy' trata de confundirla. Le asegura que ella no está encerrada, que puede irse cuando quiera y para demostrárselo, le muestra las llaves y le dice que puede salir. Pero la verdad es que, cuando ella busca esas llaves, nunca están en su sitio. "Me pegaba, mucho, todavía siento el palo de madera en la espalda. También me forzó, me violó, fue terrible", asegura María al recordar cómo empezó su tortura.
El 'lover-boy' se tomó un periodo de 3-4 meses para aleccionarla y conseguir que no se escapase e ir convenciéndola para que vendiese su cuerpo. El primer cliente fue un hombre que la reconoció, un amigo de su abuelo. Se encerró con él en la habitación y hablaron. El señor la quiso respetar y ambos se pusieron de acuerdo y quedaron en disimular. Luego tuvo que atender a dos clientes, con los que sí fue explotada sexualmente. "Terminé haciendo lo que él me pedía, estaba harta. Pero tenía tanto, tanto, tanto miedo… Eeres una marioneta que para sobrevivir te abandonas a lo que quiera…", cuenta con auténtico terror.
María: "Me compró un billete de avión y me mandó a España"
En Ciudad Real vivió encerrada en un piso, con una chula que la vigilaba día y noche y su hija pequeña: "Estaba encerrada en una habitación, tenía un ventanuco con rejas, me asomaba y veía una comisaría de policía… Pensaba, y si me pongo a gritar, pero de qué me va a servir, al segundo siguiente me darían una paliza…".
En dos ocasiones, la chula la descubrió mirando por la ventana de su habitación. Le advierte que se está dando cuenta de sus intenciones y le asegura que no va a poder escapar. Además, le dice que los policías son amigos suyos y que nunca la harían caso.
Los días que se quejaba mucho o se negaba a hacer algo, le recordaban que estaba allí porque había querido y por su 'novio'. Le dijeron, primero que tenía una deuda con ellos de 6.000 euros por el viaje y por un préstamo que había pedido su 'pareja'. Enseguida la deuda pasó a 10.000, ya que tenía que pagar por todo.
María: "En Ciudad Real atendía a unos 20 clientes al día"
En dos ocasiones, la chula la descubrió mirando por la ventana de su habitación. Le advierte que se está dando cuenta de sus intenciones y le asegura que no va a poder escapar. Además, le dice que los policías son amigos suyos y que nunca la harían caso.
Los días que se quejaba mucho o se negaba a hacer algo, le recordaban que estaba allí porque había querido y por su 'novio'. Le dijeron, primero que tenía una deuda con ellos de 6.000 euros por el viaje y por un préstamo que había pedido su 'pareja'. Enseguida la deuda pasó a 10.000, ya que tenía que pagar por todo.
María: "Me llevaron a casa de unos hombres, con mucha coca y unos cuchillos"
A los 3-4 meses se la llevaron a Madrid, donde la metieron a vivir en un hostal con unas 20 chicas más. Ahora la vigilan sus compañeras más veteranas o más anuladas, de las que no puede separarse. El primer día que llegó a la capital se asustó mucho: "Me llevaron a casa de unos hombres. Había mucha coca y estaban bebiendo. En los sofás tenían unos cuchillos muy largos, como espadas, creo que querían que los viera, para asustarme aún más, aunque no sé si era posible estar más asustada. Escuchaba cómo pegaban a otras mujeres, aunque me tapara los oídos, los golpes y los gritos eran más fuertes…".
Los horarios podían ser de mañana, tarde, noche. Variaban. Era bastante habitual que alguien las levantase de la cama a cualquier hora de forma abrupta para ir a trabajar. Esto lo hacen para descontrolarlas.
María: "Tenía que entregar 250 euros al día"
María debía entregar al día 250 euros por ocupar un lugar en la calle Montera. Ejercer en la calle fue terrible, especialmente comprobar la indiferencia de la gente al pasar por delante y ver pasar a los niños. También recuerda que algunas veces llegaban las agredían. "En la calle Montera, me quería morir de vergüenza, no me atrevía ni a levantar la vista del suelo, volver a empezar… No sé qué era peor, Ciudad Real o Montera, estar encerrada o en la calle para que todos te vean, casi desnuda", recuerda esra exesclava.
Siempre tenía una o dos, veteranas explotadas con privilegios, que la vigilaban. A las veteranas ya no las controlan de cerca. Aun así, los proxenetas las vigilan desde la calle, junto a un establecimiento de Juegos Recreativos y desde ventanas de los pisos de enfrente. 
María: "Aproveché un descuido para correr hacia la policía"
El tercer día que tuvo que salir a la calle, aprovechó un descuido de las dos chulas que la vigilaban, mientras atendían a dos clientes, y sin pensarlo salió corriendo hacia la Comisaría de Policía de Montera: "Eran los únicos que podían sacarme de allí, aunque no sabía cómo, y tampoco si lo harían… Si no, mejor morir, prefería morir".
Uno de los policías que la rescataron aún la recuerda, con ese aspecto de niña agarrando fuerte a su osito, sin soltarlo. Los policías le acompañaron hasta la comisaría y allí contó todo. La denuncia nunca prosperó, la ofrecieron protección y avisaron a APRAMP para darle el apoyo necesario.
María, en la actualidad: "Eso no se puede borrar, pero he vuelto a creer en el amor"
APRAMP consiguió un piso protegido para Maríay le ofrecieron asistencia profesional, sanitaria, jurídica, psicológica y formativa. Además, le buscaron trabajo. Para Para el APRAMP fue el caso de recuperación más difícil. No se atrevía a salir del piso una vez que le habían dado el alta, sufría agorafobia y tardó 2 años y medio en recuperarse