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Elisa llama a la policía: “Era la última moneda que tenía para jugar”

Elisa ya no aguantaba más y tenía que salir. Una mañana bien temprano bajó y la cocinera no la vio, se escondió después en el jardín detrás de una mata para poder llamar a Juan, el policía que le dio su número: “Estaba muy nerviosa, asustada, no sabía si estaba haciendo lo correcto”. Al entrar la cocinera la descubrió pero ella disimuló diciendo que tenía sed; se bebió el vaso de agua delante de ella. “Cogí la maleta y salí corriendo”, contaba Elisa, a la que el policía le habían dicho que si era capaz de salir de ahí, ellos la ayudaban: “Era la última moneda que tenía para jugar, no tenía más opciones”. A Elisa le costó volver a tener una vida normal, con su marido, con todo pero ahora es libre.