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García Aguado, tras el macrobotellón: "Hay una doble moral de quien permite esto"

Pedro García Aguado sale de la caja para enfrentarse a los prejuicios del macrobotellón que se celebra en Granada en la Fiesta de la Primavera y que en 2014 reunió a más de 20.000 jóvenes en un recinto con escasa seguridad. Tras hablar con vecinos y comerciantes afectados por el evento y después de abandonar el recinto preocupado por un posible incidente, el coach de Cuatro intenta hablar con el alcalde o algún concejal, pero sólo recibe un mail como respuesta.

"Al salir de la caja, veo mucha gente joven cargada con bolsas y un olor fuerte a pis y suciedad. Noto el ambiente sucio. Pienso que hay un evento, deportivo o un concierto de música porque tanta gente junta no es normal", dice Pedro. Confuso, pregunta a un hombre, que le dice que está en la Fiesta de la Primavera de Granada. “Creo que es una fiesta que hay que apoyar porque se beben sus cubatas y son nuestros futuros médicos, abogados y políticos”, dice su interlocutor.
Ante este argumento de que no pasa nada y que la gente sólo se divierte, a Pedro le apetece saber qué sucede en el botellódromo, así que se acerca para verlo desde dentro. Durante el camino, se encuentra con un grupo de jóvenes que lleva un carril de ‘remedio contra el frío’.
¿EL OBJETIVO DE LA FIESTA? BEBER MUCHO Y NO GASTAR DINERO
El ‘Hermano Mayor’ se acerca al recinto en el que beben los jóvenes y habla con un grupo de chavales que cargan un barril abierto y lleno de alcohol al que han bautizado como "remedio contra el frío". Sin música ni otro pasatiempo más que beber, Pedro pregunta por el objetivo de la macrofiesta y ellos lo tienen claro. “Pasarlo bien con el menor dinero posible”, dice uno. "Con 4 euros cada uno nos da para 40 litros", contesta otro.
PEDRO SALE DEL RECINTO: "PENSÉ QUE SE ME IBA DE LAS MANOS"
Tras esta declaración de principios, Pedro decide entrar en la zona conocida como 'botellódromo' para ver qué ambiente hay y después de comprobar el grado de embriaguez de los jóvenes, abandona el recinto para evitar algún problema. "Pensé que alguien se iba a hacer el gracioso y tirarme algo, una botella, alcohol o un hielo. Afortunadamente eso no pasó, pero estuve poco tiempo”, dice Pedro, después de hablar con un grupo de jóvenes borrachos entre los que distinguió a algunos menores de edad.
"EL DÍA QUE PASE ALGO GRAVE, OTRO GALLO CANTARÁ"
Extrañado por la falta de policía y ambulancias, Pedro decide acercarse a la carpa de protección civil en la que trabajan voluntarios y habla con el responsable. “No son sanitarios profesional, sino técnicos de transporte sanitario y socorristas”, confirma el hombre, al que Pedro felicita por su trabajo. El año pasado hubo 200 asistencias y 15 traslados a hospitales. Un 80%-90% era por el alcohol. Después de hablar con él, Pedro ve a una chica llorando mientras tratan a una amiga suya y a otra chica llegar agarrada por dos amigos porque no se tiene en pie.
Después de hablar con el Miguel Calatayud, juez de menores, que asegura que cada año hay juicios por agresiones, delitos de conducción bajo la influencia del alcohol y abusos, Pedro se dirige al Ayuntamiento para pedir explicaciones al alcalde o algún miembro de su equipo y lo único que recibe es un mail que no aporta datos nuevos. "Está claro que hay una doble moral y una hipocresía muy grande por parte de quien permite eso", concluye.
LA REFLEXIÓN FINAL AL VOLVER A LA CAJA
“Yo le diría a los jóvenes que exijan que les traten con más respeto. A mí no me puedes contar que con 25.000 personas el año pasado hubo 200 intervenciones por cortes… Entonces qué pasa, ¿era una fiesta de guardería? Me parece una falta de respeto al deporte que estén pintadas las líneas de los campos de fútbol sala o de baloncesto. Levantamiento de plástico, lanzamiento de botellas o puntería de tiro al borracho. Poniéndome en la piel de todos los afectados, me plantearía hacer un llamamiento, delante de la casa del equipo de Gobierno, todos a beber, orinar, vomitar y sacarnos el culo. Además, como la convocatoria es espontánea, nadie me va a decir nada.
Me quedo con el mal sabor de boca de no haber podido hablar con la gente del Ayuntamiento, pero ellos sabrán por qué no me han recibido. Yo he intentado hablar con ellos y no me han recibido. Granada lo conocía por unos amigos que tengo, una escuela de fútbol y formación, el juez Calatayud y la Alhambra. Ahora lo conozco porque no publican las cuentas y por un botellódromo del que algunos se sienten muy orgullosos, pero que a mí me dio asco”.