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Sor Lucía: "El verdadero lujo es compartir y luchar con el otro por su causa"

Sor Lucía Caram descubre el mundo del lujo a través de distintos empresarios del sector y de algunos de los consumidores de este mercado, que sólo en España mueve 1,3 billones de euros al año. "No todo lo que puedo comprar es legítimo, el límite está en si son éticas o no", dice Sor Lucía Caram, que no comprende que alguien pueda "gastarse esas cantidades en poner un barniz en su vida".

El mercado mundial del lujo mueve 1,3 billones al año,  mueve 330 millones de consumidores en el mundo y crece a un ritmo de 10 millones anuales y generó 200.000 puestos de trabajo en la UE entre 2010 y 2013. Con estos datos, Sor Lucía Caram se ha introducido en la caja para conocer el mundo del lujo y tratar de entender por qué mueve esas cantidades de dinero y qué busca la gente en este sector. "Estoy entrando en un mundo donde hay mucha pasta. Empecé a pensar si era un marciano que había aterrizado en un planeta diferente", dice Sor Lucía tras llegar a un campo de golf en Marbella y hablar con varios turistas chinos, que gastan en compras de lujo hasta el 70% del presupuesto del viaje. "Empecé a sentirme desarmada y como que hablábamos otro lenguaje. El consumismo es lo que nos ha consumido y tendré que cambiar mi registro para entender dónde están las bondades de esto que me quieren vender. El turimo de shopping me parece muy pobre. Venir a buscar unos productos en lugar de venir a enriquecernos con experiencias me parece un mundo muy superficial", dice Sor Lucía, que no comprende que la crisis no haya afectado a este sector. "En la España del fraude, los parados, la corrupción, parados pobreza infantil resulta que crece el número de millonarios es isultante. Pienso en cómo se lo voy a explicar a los que viven conmigo y empiezo a calentarme", dice Sor Lucía mientras habla con Rafa, un empresario de 22 años, que tiene varios coches de lujo. "Hago un esfuerzo por ponerme en la piel de Rafa y me invade una especia de angustia no tiene aire para respirar con libertad. Es esclavo de sus necesidades inventadas y creadas. Me subleva la indiferencia y la arrogancia. Me indigna que se pueda vivir al margen y se pueda ignorar a la mayoría de las personas con las que trabajo cada día. Dice que va a dar alimentos a punto de caducar a los pobres y que luego dará algo de dinero. Se me funden los plomos. Me hace daño. Teresa de Calcuta decía que cuando damos no tenemos que dar de lo que nos sobra sino hasta que nos duela y nos cueste. Me recuerda a Narciso, que acabó contemplando su imagen en el agua, se cayó y murió en su propia imagen."

Los mayores consumidores de lujo en España son los turistas chinos y rusos
Tras salir de la caja, Sor Lucía habla con Jaime Acevedo, un empresario que pone en contacto a empresarios chinos con empresas españolas en crisis. "Los chinos vienen para hacer negocios y se queda aquí. Les encanta el oro, consumen marcas de moda, les gusta los relojes. Chino es venta", dice Acevedo. Esta opinión es compartida por Ricardo, un economista que conoce el mercado chino. "Es especialemnte relevante para el turismo que está llegando a Europa porque compran. En 2014 llegaron 300.000 turistas chinos y se espera, en cinco años, llegar al millón de chinos que vengan a comprar productos de lujo", dice Rircardo, que ha insistido en que la crisis apenas ha afectado al sector. "El mercado del lujo personal en España está en 5.500 millones. Hay 350 millones de clientes del lujo en el mundo en los últimos años. Esto se traduce en creación de empleo. En España hay más millonarios, ha habido un crecimiento de un 24%  las fortunas de más de un millón de dólares y somos el 12º en millonarios
La belleza y lo que cuesta mantener una imagen
Sor Lucía Caram quiere conocer todos los sectores del lujo y acude a un centro de estética. "Entro en el salón y estoy en otra realidad." En el centro de Lorena Morlote el precio de la manicura oscila entre 1.000 y 1.500 euros, las extensiones cuestan 1.000 euros y el diseño sonrisa, 8.000 euros. Las sillas en las que se sientan los clientes y que imitan a un diamante cuestan 6.000 euros. Sor Lucía, no da crédito. "La referencia al diamante me puso incómoda porque me recordó una lucha en el Congo por una piedra preciosa. No puedo quedarme tan tranquila con que alguien pueda gastarse ese dinero en poner un barniz en su vida", dice Sor Lucía, que no puede comprender que la presidenta de Argentina se ponga en manos de Lorena Morlote. "Una persona que ha llevado al país donde lo ha llevado que viaja a París a comprarse sus zapatos, viene a España a que la decoren. Se me congeló la sonrisa", dice Sor Lucía, que escucha atónica el precio que cobra la esteticista por atender a un cliente fuera del centro. "Una salida mía oscila 3.000 euros, a los países árabes 15.000. Lo pagan y es una prioridad para ellos. Pero esa gente que gasta 1.500 aquí se gasta, igual gasta 4.000 en esas familias pobres. En Navidad mi familia va al Corte Inglés compra mantas y botas y se va por la puerta del sol dando 50 euros a los pobres." Sor Lucía cree que es humillante. "Me parece un concepto humillante y empobrecedor. Si ponemos la felicidad en sentirnos bien a costa del otro, con lo que  ha dicho Esperanza Aguirre de que no va a haber pobres, no sé dónde van a encontrar la felicidad estos ricos que reparten mantas."
Listas de espera para comprar un bolso
Irene tiene 23 años y es personal shopper. Su vestidor asombra a Sor Lucía, que no puede comprender que haya lista de espera para adquirir un bolso. "No podemos poner nuestra seguridad en una cosa tan superfluas. Cuando me hablan de listas de espera pienso en las listas de espera de la sanidad y la lista de espera que tengo en el banco de alimentos", dice la religiosa tras su encuentro con Irene, que cree que el lujo la ayuda a ser feliz. "Me hace sentir triunfadora cuando vas por la calle te miran el bolso. El lujo es un complemento para ser más feliz, cuando más dinero tienes eres más feliz."
Brandock se dedica al mercado del lujo. Es diseñador de alta costura y es promotor de eventos de lujo en Ibiza en locales exclusvos. "Mi nombre quiere decir exclusividad y lujo. Lo he personalizado yo, no es real. El lujo es una necesidad, me he comprado cosas que no he utilizado. Si no lo tengo me da el bajón. Suple la felicidad. La fiesta y consumo de moda es lo que me da la felicidad. Tengo un problema, bebo más champange que agua."
Escuchar a Brandock deja sin palabras a Sor Lucía. "A lo mejor eres tan pobre que lo único que tienes es dinero", le dice al joven. "No todo lo que puedo comprar es legítimo, el límite está en si son éticas o no. Diseñar y hacer bolsos con piel de elefante para saciar la vanidad repugna porque creo que somos una unidad con el planeta. Consumir, ser diferente, tener, ir de fiesta es lo único que vale. Pasé por indignación y pena pero no puedo desesperar de la humanidad porque no tendría sentido haber conversado de él."
Bebidas de lujo y alta gastronomía
Mientras muchas familias no tienen para dar de comer a sus hijos y sobreviven gracias a la solidaridad, muchos se dejan miles de euros en bebidas y alta gastronomía. Sor Lucía visita una tienda de bebidas cuyos precios son accesibles para solo unos pocos. "Los precios me parecen prohibitivos hasta llegar al 'Santo Santorum' de la tienda. Me siento como un marciano en una caja fuerte. Creo que tengo que respetar a todo el mundo pero descorchar una botellas de estas me causa repugnancia e indignación."
Con los mismos prejuicios acude Sor Lucía a un restaurante de alta cocina. "Tengo muchos prejuicios. Me parecía obsceno pagar determinados precios por la alta gastronomia". Sin embargo, tras degustar un menú de 148 euros, Sor Lucía aprende a valorar otras cosas. "Tiene un precio porque no es lo que te han puesto en el plato sino la experiencia de Dani García, el trabajo, el estudio, la investigacion, los 30 cocineros... Yo no sería clienta porque tengo otras prioridades. Dani es una persona apasionada y enamorada de lo que hace. Quiere que la gente disfrute como disfruta él  y no se quiere guardar el secreto. Entiendo del plus. Cuando te lo metes en la boca es un festival. Esto es arte y lo demás es tontería. Pongo en valor el arte, la investigación, las ganas de compartirlo y no me escandaliza tanto como otros sitios."
¿Es necesario tanto boato para impresionar al cliente?
Tras su experecia en el restaurante de Dani García, Sor Lucía se traslada a un hotel de lujo. Nada más llegar, se sorpende. "Me pregunto si es necesario tanto boato para impresionar al cliente. El sol es gratis y el mar es gratis y esto si que no tiene precio.  Tristemente impresionada por lo caprichoso que puede ser el corazón y la ambición humana. No hay un no para el cliente y el cliente puede tenerlo todo. La ambición del corazón humano a veces es infinita. Siempre que haya gente caprichosa habrá gente y excusas para seguir sirviendo a los caprichos de los otros. Esto es infinito", dice Sor Lucía, que se molesta cuando una persona trata de convencerla de que el problema es la distribución de la riqueza. "Me dice que o aceptamos que hay dos mundos diferentes y no intentes meter las narices en el otro mundo porque nos fastidiaras a los que estamos aquí y queremos ser exclusivos. Me dio pena."
El lujo generó 200.000 puestos de trabajo en la UE entre 2010 y 2013
El mercado del lujo mueve miles de millones de todo el mundo y genera puestos de empleo, pero ¿de qué tipo? "Es verdad que el mercado del lujo mueve mucha gente y crea lugares de trabajo, habría que ver la dignidad del trabajo y ver si están justamente remunerados", dice Sor Lucía, a la que no convencen las palabras de Olivia Valère y sus amigos. "Me parece una excentricidad el cava con oro. Me parece ridículo. Me preocupa cómo transformar lo que tenemos. Tengo la sensación de que todos tienen que venderme que son buenas personas y que su mundo no está reñido con el mundo que yo les presunto. Cuando penséis que podéis hacer algo por alguien, hacedlo",dice Sor Lucía, que les informa de que en España un informe decía que había 2,6 millones de niños en peligro de exclusión social.
"Todo me parece exagerado, superlativamente exagerado"
Otra de las inversiones del mercado del lujo son las viviendas. Sor Lucía visita una casa de 25 millones de euros. "Me pregunto si es necesario tanto para tan pocas personas. Todo me parece exagerado, tan superlativamente exagerado y desproporcionado que no encuentro explicación. No sé si me falta el aire porque estoy agobiada pero necesitaré tiempo para digerirlo. Más que obsceno y pornográfico creo que es absurdo. Me resisto a pensar que unos pueden tener tanto y otros tan poco. Si esto es difrutar de la vida, solo pueden hacerlo un 0,05% de los mortales."
Las experiencias de lujo
Tras adentrase en el mundo del lujo, Sor Lucía conoce otro tipo de lujo que sí puede comprender. "Por fin hemos dejado el mundo del lujo exclusivamente material. Es un tema de sensaciones y emociones y va cargado de unos valores. Hemos pasado no de acumular ni aparentar. Aquí no está el valor en el precio sino en lo que la persona puede aprender y llevarse dentro como una experiencia vital." En este contexto, Sor Lucía conoce a Lisa Lovat exredactora jefe de Vogue España. "Ahora vivo en Ghana y me ocupo de los niños que han sido abandonados en orfanatos y mi asociación los saca y busca las familias que les ha quedado. Mi hija tuvo una adolescencia complicada y el médico nos dijo que tenía que aprender a empatizar. Yo fui adoptada y alguien me brindó una oportunidad. Ahora lo estoy devolviendo. Creo que ayudar al prójimo enriquece mucho y eso es un gran lujo. Quién se es, qué es lo que uno quiere y servir a los otros. Eso es el gran lujo, poder ser parte del cambio y de la solución y no parte del problema."
"El verdadero lujo es compartir y luchar con el otro por su causa"
Tras su experiencia, Sor Lucía regresa a la caja con la sensación de que el lujo es algo superfluo. "El lujo del poder empatizar con la gente y devolver a la sociedad lo que nos ha dado a cada uno de nosotros como personas. El verdero lujo es ocompartir y luchar con el otro por su causa y por transformar este sistema. Me jode que haya uno arriba y otro abajo, lo importante es compartir y transformar esta realidad todos juntos. Venía con el mundo que llevo en mi mochila y mi corazón, los que son humillados. He intentado ponerme en la piel de los que están viviendo del otro lado y mucha de esta gente está anestesiada mirando a otro lado y no quiere ver la realidad. Hago mías las palabras de un obispo catalán. Ante este mundo me siento como un soldado derrotado pero creo que mi causa y la causa de la humanidad es invencible. Me gustaría que pensárais qué podeis hacer para que otra persona esté mejor."