Perfil
06/10/2011
La infancia de Xyka fue difícil. Sin padre y con su madre en la cárcel, la joven dejó de confiar en la gente. A sus 20 años, se comunica a golpes y busca el respeto de la gente mediante la agresividad. Sus peleas la han llevado a un centro menores pero Xyka no aprende. Al regresar a su casa, la convivencia con su madre sigue siendo imposible.
Xyka se comunica a golpes Foto: cuatro.com
No soporta las normas, no confía en nadie y se comunica mediante golpes. Xyka es una joven conflictiva que tiene muchas peleas. "En mi pueblo me respeta todo el mundo, si no ya me encargo yo de que me respeten. De mi no se ríe nadie", dice la joven que ya ha pasado una temporada en un centro de menores por pegar a una niña. "La tenía manía pero esa niña no me había hecho nada", recuerda Xyka, que trapichea para pagarse sus vicios.
Su paso por el centro no la ayudó a cambiar. Su difícil infancia sigue muy presente en la vida de Xyka, que se quedó sola cuando su madre ingresó en prisión. En ese momento, la joven comenzó a cambiar.
La convivencia entre madre e hija es casi imposible. "Tengo muchas peleas con ella y como no puedo pegarla rompo cosas", dice Xyka que recurre a las patadas y los puñetazos en las paredes.
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