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Jesús tendrá que superar solo un aterrizaje en globo

Una clase práctica y otra teórica tendrán que ser suficientes para que Jesús Calleja pueda realizar con éxito la prueba de fuego de esta primera parte en globo por el amazonas: aprender a volar.

El leonés está más que acostumbrado a las alturas, sabe pilotar helicópteros pero nunca se había enfrentado a un desafío tan impredecible. Viajar en globo no es tan fácil como el cine o la literatura nos ha querido mostrar.  Para empezar un globo no entiende de direcciones, no hay volante, el único que manda es el viento: vas dónde el aire te lleve.
Ángel, el jefe del equipo de expertos le juega una mala pasada a Jesús. Todo el equipo estaba compinchado. Cuando el globo estuviera en el aire, Ángel saltaría en paracaídas y dejaría a nuestro aventuro solo ante el peligro. La comunicación por radio y la lancha de rescate serán sus únicas ayudas.
Será en el próximo programa cuándo veamos qué pasa realmente en ese vuelo a solas con lo impredecible, ¿será capaz Jesús de aterrizar sin problemas?.
Una aventura fuera de lógica
El equipo de expertos que acompañan a Jesús en esta aventura testa el ambiente con globos de helio. Con ellos marcan la dirección del aire y simulan el recorrido del globo aerostático gracias a la ayuda de un sistema GPS.
Poner el globo en el aire es casi el paso más sencillo. Lo más difícil dentro del vuelo es aterrizar, es el punto más peligroso. No se pude decidir el punto exacto de aterrizaje. Jesús confirma esta regla en su segundo vuelo en globo: acabaron en el río. Jesús tuvo un serio percance con una de las cuerdas del globo, que se quedó enganchada en su cuello mientras éste se hundía y tiraba de él hacia abajo.
El globo quedó prácticamente sumergido en el Río Negro, hicieron falta horas para poder rescatarlo del agua. 12 personas ayudaron a tirar de la vela, y ni con esas pudieron evitar la solución más fácil: rajarlo. El globo estaba lleno de agua, 6 toneladas, ni más ni menos.
Cuando el equipo consiguió rescatarlo hicieron falta varias costureras para restaurar los 32 agujeros que se hicieron para sacarle el agua. El pueblo de los Kambebas ayudó en las labores y pudieron hacer posible ‘la suelta de Jesús’.