Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Sentimientos en entredicho: Los abrazos Guardiola-Xabi y Mourinho-Cesc

¿De verdad los futbolistas sienten los colores que visten? Es una pregunta complicada porque así quieren que parezca en la mayoría de las ocasiones. La rivalidad que jugadores y técnicos se demuestran en partidos y ruedas de prensa se quedan en agua de borrajas cuando llega una buena oferta, y no tiene por qué ser el dinero precisamente lo que mueva estas nuevas amistades.

En el caso de Xabi Alonso se puede pasar de recibir una tremenda sanción de la UEFA por saltar desde la grada y vestido de calle a celebrar un gol y a abrazarse con "el que mea colonia" y ser pieza clave del dibujo de su pizarra. El tolosarra es la brújula del Bayern, condiciones y carácter no le faltan para asumir el papel de director de juego.
La otra cara de la moneda la protagonizan Cesc y Mourinho. El jugador catalán fue el epicentro de la polémica en un Clásico donde Marcelo le propinó una entrada brutal. Quizá fue el día que cambiaron las relaciones entre Madrid y Barça. O quizá fue otro, el caso es que esa rivalidad estuvo a punto de llevarse por delante incluso a la Selección Española. Eso sin contar con que si Fábregas fue el protagonista en esa ocasión, Mourinho lo era en ésa y en todas las demás. Ahora técnico y jugador viven sus momentos más felices en el Chelsea y se dan abrazos de maestro y pupilo.
Además, no es el dinero lo que les mueve. Una buena oferta a cambio de vivir en una magnífica ciudad y jugar para un equipo atractivo es suficiente. No son los únicos casos, obviamente aunque la novedad reside en abrazarse con el técnico que antes era el diablo y ahora es Dios.
El Clásico, Mourinho, Guardiola, Cesc Fábregas
No se le puede pedir a Di María, a Diego Costa o a Ibrahimovic que sientan los colores blanco, rojiblanco y azulgrana. Simplemente porque ninguno de esos colores son los suyos. Los casos sangrantes aparecen con ejemplos como los de Xabi y Cesc.
Javi Martínez y Fernando Llorente eran las garras del León de San Mamés. Pero Bayern y Juve eran demasiado atractivos como para quedarse en su club de toda la vida. En este caso el dinero si ayudó algo a su marcha.
Ahora la excusa de moda para marcharse del club de nacimiento no es el dinero. La cosa se centra más en "la búsqueda de oportunidades", "tener más minutos" o "vivir en una ciudad atractiva". Lo de luchar y trabajar para conseguir la titularidad se estila menos. Tampoco los grandes clubes ayudan en muchas ocasiones, prefiriendo la inmediatez de los grandes fichaes en el extranjero que la paciencia de pulir a sus canteranos. Así, futbolistas de contrastada calidad que podían haber hecho historia en sus clubes como Morata, De Gea o Thiago, han salido sin mucha nostalgia en su mirada ni mucho dolor en los palcos que han dejado.
Esto no viene de ahora. La lista de jugadores que se han ido del club de su vida, ese que siempre llevarán "en el corazón" es tan larga como antigua. Casos sonados fueron en su día Mendieta y Farinós, los murciélagos del escudo valencianista; Luis Milla-Celades y Luis Enrique-Alfonso intercambios nacionales entre Madrid y Barça; Fernando Torres, el niño atlético; Etxeberría y el propio Xabi Alonso, las salidas más sonadas de La Real; Sergio Ramos, Reyes y Navas, las perlas de la cantera sevillista; Joaquín, la finta y el sprint del Betis… y así innumerables casos que nos hacen pensar en que esto del fútbol hace tanto tiempo que cambió que ya ni nos acordamos.