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Marieke Vervoort: "Vivo día a día y cuando sea el momento tengo mis papeles de la eutanasia"

La atleta paralímpica belga Marieke Vervoort competirá en Río de Janeiro en sus segundos Juegos, los últimos en los que tiene previsto hacerlo porque vive cada día con "mucho dolor" por la enfermedad degenerativa que sufre, pero tiene claro que sólo pedirá la eutanasia cuando llegue el" momento" y que lo que desea es centrarse en vivir "día a día".
El nombre de Vervoort se convirtió en 'famoso' en España cuando desde un periódico de su país se dio a conocer que pediría la eutanasia tras competir en la ciudad brasileña, pero la atleta lo desmintió rotundamente a un grupo de periodistas españoles, con los que se encontró por casualidad antes de entrar a la Villa, recordando que tiene firmados los papeles desde 2008.
La belga competirá este sábado en los 400 metros de la clase T51-52 y posteriormente lo hará en los 100 metros, donde defenderá su título de hace cuatro años en Londres. Pruebas ambas de velocidad, aunque lo suyo, confiesa, es más la resistencia, producto de su pasión por el triatlón, Iron Man incluidos como el popular de Hawaii. "Soy una persona loca", bromea.
Para ello, no podía entrenar en Bélgica, donde vive, porque "hace mucho frío" y las carreteras son en algunos casos "terribles", y se trasladó a Lanzarote, donde está "muy bien" y es "muy bonito para entrenar". "Me gusta mucho, las personas del hotel donde vivo son como una familia", expresa en un más que correcto castellano, aunque "nunca" lo ha "estudiado".
Fue en 2012 cuando le aconsejaron que "entrenase" para estar en los Juegos Paralímpicos de Londres. No pudo hacerlo en maratón y tuvo que transformarse en velocista para competir en 200 y 100. "Era todo diferente de entrenar", asegura. Pero pese al drástico cambio, Vervoort ganó dos medallas, una plata en los 200, superada por una de sus acérrimas 'enemigas', la canadiense Michelle Stiwell, que no fue del todo simpática con ella en el podio. Su revancha fue en el hectómetro, con un oro que está entre los momentos "más felices" de su carrera.
Su vida, además de por su enfermedad, también está marcada por dos accidentes, una en competición y otro doméstico cuando sufrió un ataque epiléptico que provocó que derramase sobre sus piernas agua hirviendo con pasta. Pero eso no la frenó, sino que la hizo "más y más fuerte de aquí", apunta señalando su cabeza.
De todos modos, descarta llegar a Tokyo 2020. "No, no, después de Río dejo de competir. Llevo años con mucho, mucho dolor, cada vez es más difícil", comenta, recalcando sus problemas en muchos casos incluso para poder dormir. "Tras la Ceremonia de Inauguración sólo dormí una hora", advierte. "Aquí quiero competir muy, muy fuerte y después acabar", confiesa.
"QUIERO MÁS TIEMPO CON MI FAMILIA Y MIS AMIGOS"
Sin embargo, ese final no será a través de la petición de la eutanasia como se ha comentado en los días previos al comienzo de los Juegos. Vervoort recuerda que firmó esos papeles hace ocho años, en 2008. "Mucha gente piensa que quiero la muerte pero vivo en dolor y necesito todo el día una persona que me ayude. Quiero vivir cada pequeño momento. No quiero la eutanasia tras Río, vivo día por día, y cuando sea el momento será", recalca.
Por ello, lamenta lo publicado con un claro gesto de enfado hacia el periodista de su país. "Después de Río quiero más tiempo con mi familia y mis amigos, y dar charlas motivacionales. Cuando no quiera vivir, tengo mis papeles, pero no sé cuándo", afirma, considerando que es "muy bueno" que ella pueda recurrir a la eutanasia de forma legal en su país.
"Río de Janeiro es muy especial para mí porque quiero mucho al deporte y a todas las personas que están por aquí, me gusta mucho la competición, pero es muy difícil para mí entrenar seis días a la semana", subraya la belga, cuyo cuello está rodeado de colgantes de todas sus "amigas", con uno de San Antonio de Padua que sobresale entre todos.
"!Believe you can! ¡Cuando quieres, tú puedes! ¡Don't give up, no te rindas!", grita animosamente preguntada por lo que diría a personas con una discapacidad como ella antes de poner rumbo hacia la Villa, un lugar donde echa de menos sobre todo a su perro 'Zen', otra muestra de la filosofía de vida de una persona que no ha renunciado a vivir.