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El orden pudo con el talento

El partido permite dos interpretaciones, la melodramática y la otra. Según la primera, el Madrid habría fracasado en Murcia porque no pasó del empate a cero contra un equipo de Segunda B, enunciado incontestable. A ese fallo esencial hay que añadir otro, el motivacional. Excepción hecha de Cristiano (guerrero patológico), el equipo no tuvo el nervio que pretendía Mourinho, por mucho que se empeñara en inflamar los ánimos en los días previos, primero amenazando con cortar cabelleras y luego con borrar a los culpables de la próxima lista.
El problema es que se hace difícil distinguir a los responsables. Podríamos acusar a Benzema, víctima otra vez de esa desidia existencial que tanto desespera. Sin embargo, no sería justo cargarle con el empate. Es verdad que no estuvo a la altura del desafío que se le había planteado, pero sospecho que no es hombre que se estimule con los ultimátums. Intuyo que le activan más los arrumacos, la confianza, el saberse querido. De ser así, su futuro pasa por buscarse equipo o por comprarse un perro, un labrador, tal vez.
La siguiente tentación es apuntar al doble pivote: Diarra-Granero. Aunque tampoco ellos lo explican todo. En general, su papel fue el del equipo, ni brillos ni sombras, interés sin musas. Del resto de novedades, Albiol cumplió sin presumir, Canales apuntó más que hizo y Pedro León hizo bastante, aunque aún podría hacer más (es posible que hagan falta dos labradores).
De manera que el análisis del Madrid nos lleva al Murcia y, siguiendo el hilo, a la interpretación más amable de las posibles. En una noche poco inspirada, el Madrid se tropezó con un rival militarmente ordenado, estricto con el dibujo y dibujado para defender. Un rival, por cierto, que viaja en una categoría equivocada por jugadores, entrenador, afición y estadio. Se juntaron, por tanto, un día gris y un enemigo con un buen plan.
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