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Un líder sin equipo

Heroica etapa que no ganó Contador porque Bruyneel le frenó.
Si fuera por el cobarde protocolo del ciclismo moderno ya no habría fotos de líderes cruzando la meta como vencedores de etapa. Si hiciéramos caso al tratado de las buenas maneras, le quitaríamos cien páginas al palmarés de Merckx y no existiría la foto de Hinault venciendo de amarillo en los Campos Elíseos. Cómo pudo ser tan desconsiderado, tan caimán.
Les cuento esto porque se ha puesto de moda que los líderes regalen victorias, que no abusen, que repartan consuelos. Y lo que en Indurain se manifestaba como un impulso sincero, en otros ciclistas queda como un gesto impostado y teatral. La situación deja a los campeones en jaque mate: si te rebelas eres un dictador (tipo Armstrong) y se te pliegas eres un mal actor, como Contador ayer.
Pero si Contador no ganó la etapa no fue por respetar el código de los corredores amables. Su condena llegó kilómetros antes, en el puerto de La Colombière. Después de una jornada épica y acompañado sólo por Klöden y los hermanos Schleck, el líder decidió atacar, arrebato muy lógico entre los deportistas con ambición y fuerzas. El demarraje fue violento y hermoso, pero cuando lo imaginábamos definitivo y triunfal Contador se frenó en seco. Es fácil suponer que lo hizo porque le llegaron instrucciones contrarias por el pinganillo y no es difícil adivinar las pobres razones del director: el arreón hacía peligrar las aspiraciones al podio de Klöden.
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