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Un golpe de furia salva al Madrid

De un ataque de furia del Madrid murió un Sevilla con buenos propósitos al principio y poca entereza al final, cuando el partido derivó en pelea de taberna. El duelo caminaba tenso y desapacible hacia el empate cuando el Madrid se sintió herido por Clos, que expulsó con rigor extremo a Carvalho, le limpió un penalti claro a Granero y se vio desbordado por el mal humor general (diez amarillas y dos rojas), y sacó tres puntos de su indignación. Y de la del Bernabéu, que empujó al triunfo con estruendo a un equipo abandonado por la inspiración pero aferrado a la Liga por amor propio.
Sin Xabi Alonso, el Madrid se traspapela, no sabe por dónde empezar y le invade la angustia de cintura hacia arriba. Lo cogió a la primera el Sevilla, que quiso tomar ventaja antes de la primera curva. Se arrimó mucho en los minutos iniciales, hizo dos entradas admonitorias y enredó la salida del balón del Madrid. Aquella confluencia de fondistas, con Lass, Khedira, Zokora y Romaric pleiteando por una pequeña parcela de superficie útil, empantanó el partido y favoreció al Sevilla, que pasó del estado gaseoso de las últimas semanas al sólido que ofreció durante muchos minutos ayer. Tiene voluntad por salir del bache.
Así, el Madrid se saltó una o dos líneas con su juego en largo, una lectura equivocada del partido que le llevó muy poco ante Palop, porque los centrales del Sevilla estuvieron aplicados y sus laterales y Konko, que echó una mano, aplicados y herméticos. Ese partido antipático se comió a Cristiano, bien defendido con un sistema de ayudas; a Özil, jugador de latido irregular; y sobre todo a Benzema. Ahora es él o nadie. Y se le concede una reserva de paciencia por lo que costó y porque de verdad se sospecha que esconde mucho, pero volvió a jugar a bajo cero, sin entusiasmo ni intensidad, acampando con frecuencia en fuera de juego, síntoma inequívoco de desatención permanente. Dio dos pasos atrás.
Ocasiones sevillistas.
Así, con el partido servido en frío, el Sevilla se mantuvo cómodo, sólo permitió disparos lejanos de Cristiano y anduvo cerca del gol en un golpe franco de Romaric detenido por Casillas y en un mano a mano despilfarrado por Negredo, de largo el mejor atacante del Sevilla, abandonado por un Luis Fabiano tan pálido como Benzema. También fue un dique Pepe, rapidísimo, intuitivo, con temperamento y sin enajenaciones.
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