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Tres goles con muy poco juego

El Madrid maquilla un partido espeso. El Espanyol no mereció tanto castigo. Cristiano abrió el marcador de penalti y le siguieron Higuaín y Benzema.
El marcador dijo una cosa y el partido otra. El luminoso (ahora TFT o LCD) señaló una victoria inapelable y el juego la discutió durante muchos minutos. Los goles no mienten pero la historia es más larga. El Madrid jugó peor que eso y el Espanyol algo mejor. La prueba es el murmullo que acompañó al partido un rato largo, el rumor de los cuerpos que no se acomodaban, el chistar de las lenguas disconformes. Esto es muy largo, dicen los optimistas. Y eso es lo peor, responden los otros.
El reparto de los papeles protagonistas nos enseña mucho. Basta con señalar que la estrella fue Clos Gómez y cuando un árbitro se convierte en el personaje más influyente significa que el colegiado se empeñó mucho y los jugadores poco. Así ocurrió. Mientras uno se dedicaba a sacar brillo al reglamento, los futbolistas libraban batallas distintas que estuvieron cerca de terminar en batalla campal. Nada llegó a ser bueno y con el tiempo todo fue a peor.
La excusa de la construcción nos impide llegar más allá en el análisis del Madrid, pero uno esperaba que en algún gesto ya se notara la mano del entrenador. Y apenas se advierte. Se sigue ganando por la inercia del talento, sin fútbol al que agarrarse, sin más satisfacción poética que los puntos conseguidos.
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