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El gol de Di María, lo más destacable

El Madrid ganó su trofeo sin más alarde que el gol del argentino. El Peñarol fue un digno rival. Van der Vaart marcó el segundo al transformar un penalti
Hubo para todos. Primero, para el Madrid, que venció, asunto que se daba por hecho y que no lo fue tanto. También para Di María, que ganó el baile de debutantes, y, hubo, igualmente, para el Peñarol, que salió del Bernabéu con la dignidad intacta. Salvo Gago, que abandonó el campo lesionado, es muy posible que nadie se fuera del estadio a disgusto, pues se entiende que aún estamos en tiempo de pruebas y chanclas, aunque sólo falten cinco días para el debut liguero en Mallorca.
Eso sí, quien confiara en obtener pistas sobre lo que será la fisonomía del equipo tendrá que seguir esperando. El Madrid todavía está en obras, con los automatismos por aprender y sospecho que algún puesto por decidir.
Si la presentación ante el madridismo es significativa lo más reseñable fue la titularidad de Canales y la suplencia de Di María y Benzema. Dando a Ozil por fijo en el once, la única posición que permite barajar alternativas es la que ocupó, y con acierto, el joven Canales. La despedida del Bernabéu cuando fue sustituido nos descubrió que el chico cuenta con el aprecio de la grada que, a falta de hijos naturales, siente al muchacho como propio.
Al margen de esa duda y con otras cuestiones tácticas por resolver, el partido permitió extraer ciertas conclusiones. Ozil se maneja algo desmayado, diríamos que poéticamente intermitente. Con todo, en cada balón que controla cabe una ilusión. En el mediocampo intervino más Xabi que Khedira, que se mueve más como un fiel escudero que como un caballero con espada. Y arriba, sin novedad: Cristiano pecó de ansioso. Nadie puede negar ni su talento ni su entusiasmo y sin embargo su influencia en el juego colectivo sigue en entredicho. Cristiano sigue más pendiente de su jugada que de la jugada y por eso no pasa de ser un futbolista cuando podría serlos todos.
Uruguayos. En líneas generales, y para explicar el partido, se puede decir que el Madrid no contaba con el gen competitivo de los uruguayos. Algo tienen cuando se visten de futbolistas, algo mágico que los conecta con sus mayores, aunque ellos, a diferencia de los clásicos, sean carne mortal y fácilmente olvidable. El hecho es que durante más de una hora plantaron cara y defendieron camiseta.
Para el capítulo de las curiosidades quedará que en la era del blog, el bloc de Mourinho reclamó su cuota de protagonismo. Cuando más descontrolado parecía el partido, Mourinho tomó varias notas en una libreta de anillas. Lo hizo con tanta energía y gravedad que parecía poner multas de tráfico.
En la segunda parte, y centrados en los debutantes, entraron Di María y Pedro León; más tarde, Juanfran y Mateos. Para el argentino fue la gloria. Haciendo gala de su indudable verticalidad (poco reflexiva, en ocasiones), robó a Sosa, atacó de frente y resolvió tras varios recortes que concluyeron en su pierna izquierda. Pedro León también cumplió y entre los chicos Juanfran reclama a gritos más minutos.
Como guinda de la historia el partido le hizo un guiño a Van der Vaart, víctima de un penalti que él mismo lanzó. Si fue un adiós está por ver; gol fue seguro.