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El Real Madrid sufre para vencer al Valladolid

Ronaldocuatro.com

El Real Madrid logró un merecido triunfo este sábado en el nuevo estadio José Zorrilla, frente al Valladolid (2-3), en una decimoquinta jornada llena de vaivenes y accidentes, donde los blancos lograron remontar el doblete de Manucho gracias a la genialidad de Ozil, y se convirtieron en el segundo equipo que derrota a los de Pucela en su feudo.

Los hombres de Mourinho, con el canterano Nacho en el cenizo puesto de lateral izquierdo, no perdieron ni un minuto en presentar una candidatura de intensidad para llevarse el choque en el Nuevo Zorrilla, donde solo el Betis había se ha marchado con los tres puntos en el bolsillo. No se arrugó el Valladolid, con un abarrotado estadio arropándole y la pareja de centrales habituales, Sereno y Valiente, recuperados plenamente.
Transcurridos siete minutos, Manucho decidió acumular todos los elogios posibles. A la salida de un córner, el angoleño se aprovechó de un balón que había vagado sobre el resbaladizo tapiz vallisoletano para abrir el marcador desde el área pequeña. Pucela gritó hasta desinflarse mientras los blancos miraban de reojo sus tres derrotas a domicilio. Fueron pocos los agónicos minutos que pasaron hasta que Benzema devolviera el equilibrio inicial al marcador asistido por Callejón, tras el resbalón de Valiente.
Como si se tratara de un paralelismo inalterable, de nuevo a balón parado, Manucho superó a Casillas. Cabeceó ante un impotente Sergio Ramos. El central andaluz encontró un enorme rival aéreo, donde dejó de ser el dueño. De seguido, un nuevo resbalón, esta vez de Sereno, dejó a Callejón sólo ante Dani, aunque acabó errando. Esta situación diluyó la confianza que había obtenido el Madrid, con posesiones largas y Cristiano luciendo potencia en varios disparos.
La lesionó del extremo derecho germano Patrick Ebert, retirado en camilla con los gritos de ánimo del estadio, dejó un hueco en la banda que no tardó en rellenar Rukavina, hasta entonces mudo en ataque. Sin embargo, el club de la capital lograría rehacerse, con empuje, aunque sin demasiada efectividad en un campo que se hizo estrecho. Fue en esos diminutos huecos donde el talento cobró su mayor brillo. Al borde del descanso, Ozil y Benzema combinaron hasta que el alemán vio puerta burlando al jugador local que se cruzara.
PARTIDO ROTO EN PLENO ÉXTASIS BLANCO
El Real Madrid salió desatado en la segunda mitad. La víctima fue Nacho, sustituido por Di María en esa búsqueda de Mourinho por cambiar el ritmo. Para terminar de quedar con la locura, el técnico portugués alineó a Modric, en lugar de Arbeloa. Apenas sin defensa, el partido se volvió vertiginoso, con los blanquivioletas asomándose menos al área rival.
El Real Madrid era un tanque sin ventanilla delantera. Un festival ofensivo con más arrojo que acierto, interrumpido en contadas ocasiones por contraataques de los de Djukic. Sin embargo, el acierto lo puso de nuevo Ozil, de libre directo, haciendo que el balón entrara antes de estrellarse en el larguero. El gol sirvió de señal a Mourinho para devolver consistencia defensiva a los suyos. Salió Benzema y entró Varane. Más seguridad, posesión, ocasiones y se terminaron los goles.