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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
24/01/2012
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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Ya se habían cumplido los noventa minutos y todo parecía apuntar a que el sueño de este modestísimo equipo de segunda B llegaba a su fin. Pero si el dios del fútbol había querido hace siete días que el Espanyol le remontara al Mirandés un 0-2 en seis minutos era porque le quería hacer sufrir antes de la alegría final. Dicen que así sabe mejor. Basta con ver la reacción de jugadores y aficionados al oír el pitido final, con invasión de campo incluida. Sólo así, con esas seis mil almas que han creído en el milagro hasta el final corriendo por el césped, podía liberarse este equipo de tanta emoción contenida. Y ahora, como los grandes, a esperar rival para semifinales y seguir apretando los puños para poder seguir soñando un poquito más.
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