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Y tan contentos

Contador se acerca al Tour pese a no disputar la etapa a Schleck
Etapa para Schleck. Tour para Contador. Ambos pasarán a la historia aunque Alberto tenga que esperar hasta el domingo para confirmarlo, obligado a mantener su ventaja de ocho segundos sobre el luxemburgués en la contrarreloj de mañana de 52 kilómetros alrededor de Burdeos.
El Tourmalet de los cien años merecía un día épico como el de ayer, bañado por la niebla y preñado de humedad. Y también merecía un final un poco más competido y no tan deportivo. Es la crónica de una etapa que empieza por el final, el momento en que Schleck y Contador, por este orden, cruzan la línea de meta a 2.115 metros de altura y se dan palmadas mutuas en la espalda. El español había dimitido de esprintar en un gesto que quizá acabó de decidir en plena ascensión viendo que Andy era incapaz de soltarle, de robarle ni un segundo, lo que le acercaba definitivamente a su tercer Tour. Así, de un plumazo, Contador se convertía de nuevo en lo que dejó de ser por unos momentos tras el lío de la avería de la bicicleta de Andy que tan mala noche le hizo pasar.
Antes de ese abrazo en marcha, el Tourmalet se había subido entre multitudes, de gente y de ataques de Schleck. Hasta quince demarrajes soltó desde que quedaban diez kilómetros para la meta hasta que desistió por falta de pegada. Contador sólo golpeó primero una vez. Percutió hasta que vio que Andy no se sentaba, que seguía ahí mirándole de reojo hasta que lo hizo a los ojos. En ese momento, a cuatro kilómetros de las palmaditas, ambos comprendieron que uno se llevaría la gloria del jueves y el otro debería esperar al domingo. Otra vez, como en el día de la cadena de marras, en el grado de competitividad-deportividad de cada uno estará el nivel de justificación a la decisión de Alberto de no disputar el triunfo, y de Andy de aceptarlo. En el 2000, en otra cima de ensueño como es la del Mont Ventoux, Armstrong regaló una victoria similar a Pantani, que se enfadó al sentir herido su ego de campeón.
La raza de Samuel.
Cuando ni siquiera el Tourmalet se intuía en el horizonte, Samuel Sánchez, tercero del Tour, cayó violentamente de su bicicleta, aún no se sabe ni por qué, en el kilómetro 24. Le falló incluso la respiración. Por un momento se vio fuera del Tour, incapaz de seguir y disputarle el podio a Denis Menchov. Hacia el podio se encaminaba en ese mismo momento Carlos Sastre, suficientemente retrasado en la general (15º) como para que le dejaran moverse. Mandó a un compañero (Konovalovas) por delante y atacó en el momento en que Contador, primero de la fila, conocía la caída de Samuel. "Ha habido una caída, nosotros paramos", le dijo a Carlos. Éste siguió, convirtiéndose en el combativo del día al rodar durante más de 130 kilómetros intercalado entre siete fugados locos y el pelotón de los mejores. Entró en meta a 16:48 del vencedor y cargando contra el nuevo ciclismo del fair-play. Samuel, en cambio, cerró la herida de la caída con una etapa memorable en la que incluso logró sacar ocho segundos a Menchov.