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Suplentes a años luz

Copa del Rey | Levante 2 - Real Madrid 0 El Levante liquidó a un Madrid indolente a partir de un penalti que no fue. Sólo Kaká y Juanfran dieron alegría a los blancos. Golazo de falta de Sergio.
En este tipo de partidos solemos disculpar a los futbolistas y hasta les servimos la coartada en bandeja de plata: cómo motivarse en un duelo así, sin puntos ni emoción en juego, cómo entusiasmarse en una noche gélida y descafeinada. Sin embargo, los mismos que planteamos la excusa estaríamos dispuestos a rebozarnos en un charco ahora mismo con tal de que hubiera un balón en juego. Sin importarnos ni el frío, ni el barro ni nuestra irreparable ausencia de talento. Seríamos felices en cualquier caso.
Anoche, en el Ciutat de Valencia, había césped, luz artificial, camisetas que repelen el sudor y 13.500 espectadores. Además de una estimable cantidad de talento. Pero ni eso fue bastante. El partido discurrió por los terrenos de la modorra y la burocracia, cuando no de la riña, hasta que el árbitro, de puro aburrimiento, decidió señalar un penalti por mano de Gago dentro del área. La repetición televisiva demostró que el brazo infractor estaba pegado el cuerpo, pero el castigo ya estaba señalado y Xisco puso al Levante a siete goles de la prórroga.
Los locales se animaron a partir del gol, jaleados por un público animoso y guasón, pero el Madrid siguió en sus trece. No es casual. La mayoría de sus suplentes comparten un perfil moderado, unos modales irreprochables y una frialdad de actriz francesa. Y no lo digo por Benzema, aunque a él le encaja como un guante. A excepción de Arbeloa, Carvalho y Gago, futbolista con la carrera convalidada, los meritorios dan muestra de un desapasionamiento irritante. Y pienso, sobre todo, en Pedro León y Khedira, por citar a dos de los nuevos. Ninguno asume más riesgos que los imprescindibles.
La cruda realidad es que se abre un abismo entre titulares y suplentes. La evidencia es que Benzema es un delantero melancólico que entre hat-trick y hat-trick nos colará largas noches de invierno. No deja pruebas de crack mundial; probablemente no lo sea.
Feliz.
En ese equipo de nostálgicos, la risa de Kaká sonó como la de un niño en un asilo. Salió al campo riendo, bromeó con quien quiso atizarle, dejó un par de detalles y estrelló un cabezazo contra el larguero. Se distingue pronto a los jugadores buenos y felices. Y también a los que tienen nervio. En apenas 20 minutos el joven Juanfran demostró ansia, ganas, valor y toque. De eso se trata.
Sergio logró el segundo gol con un impecable lanzamiento de falta y el público se lo dedicó a Mourinho. Este, como suele, recibió el reproche y se lo pasó al club.