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El Sevilla remonta en una noche surrealista

Es difícil explicar cómo una ruidosa remontada con apariencia de memorable esconde una realidad con muchas sombras. El Sevilla enderezó anoche su camino en la Copa después de superar una situación límite, pero debería hacer un ejercicio de responsabilidad. Si rasca detrás del resultado, descubrirá una fragilidad impropia de un equipo que defiende un título y un status. Al Málaga no le hace falta siquiera mirar detrás de la cortina. Su defensa es una calamidad, tanto que se va con la eliminatoria casi perdida después de haber hecho tres goles en la noche surrealista de Nervión.
Por momentos, el duelo alcanzó categoría de antología del disparate. Los goles de Alfaro y Negredo, el doblete de Rondón y el 2-3 de Quincy, un futbolista desequilibrante que misteriosamente no es titular en Liga, llegaron después de errores impropios de defensas profesionales. La diferencia fue que Manzano reflexionó en el descanso y tocó bien la tecla. Colocó a Cáceres de lateral y se entregó a Romaric, un futbolista discutido por la grada pero muy valorado por los expertos a pesar de su vida distraída. Romaric reventó el partido con dos goles de clase y casta y Malagueño, central argentino que debe jugar en Málaga sólo por el apellido, regaló el 5-3 a Capel. La gente salió de Nervión desquiciada. No es exagerar, fue de locos.