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"Maradona tenía una sombra tan grande que nos apagaba. Lo mismo pasa con Cristiano"

Es difícil que Bernardo Schuster (Augsburgo 1959), ‘el alemán’, como se refiere a sí mismo en tercera persona, reconozca un error del pasado. Genio, orgullo, carácter y liderazgo marcaron su carrera de jugador en la que fue durante varios años de la década de 1980 el mejor centrocampista de Europa. Pero la renuncia a la selección alemana de su generación, la campeona en 1990, pesa demasiado como para no arrepentirse. Es casi el único momento que cambiaría de su trayectoria. Ni siquiera cambiaría la huida del Sánchez Pizjuan con la final de la Copa de Europa en juego: “Terry (Venables) antepuso su ego al club. Quería ganar sin el alemán”.

El actual entrenador del Málaga repasa sus años de jugador en su casa de Majadahonda (Madrid) donde vive con su segunda mujer. En el momento de la entrevista no había fichado por el club andaluz pero aseguraba sentirse con ganas de entrenar –“soy joven para ser entrenador”- y presentar su próxima biografía en la que ajusta cuentas con el pasado como adelanta en muchas de sus contundentes respuestas.
Revista Líbero (R.L.). Háblame de antes, de tus inicios en el Colonia.
Bernd Schuster (B.S.). La Bundesliga dominaba en Europa con la selección alemana y el Borussia Mönchengladbach de Uli Stielike, Heynckes…  A través de la selección juvenil, me vieron en Colonia y el segundo entrenador de Hennes Weisweiler, que estuvo también un ratito en el Barça con Cruyff y Nesckens  [fue entrenador en la temporada 1975-1976], me llamó para ofrecerme un contrato de profesionales. Verti Vogts, Bonhoff, Simonsen… son suyos, los sacó todos él en el Borussia. Cada año sacaba dos o tres. Y me tocó a mí y a [Pierre] Littbarski.
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R.L. El Barça en el año 80 sólo tenía una Recopa. Estaban Krankl y Simonsen. Era un equipo menor e incluso España como país también estaba por crecer ¿Qué sabías de España, Barcelona…?
B.S. Fue curioso porque después de la Eurocopa me fui de vacaciones a Marbella y me encontré a Charly Rexach y Asensi en el hotel. El dueño del hotel me dijo: ‘No te lo vas a creer pero hay dos jugadores del Barcelona que te quieren conocer’. Tomamos algo y dos meses más tarde me los encontré en el vestuario.
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R.L. Schuster futbolista era el mejor centrocampista de los 80 porque combinaba técnica individual y desplazamiento en largo. ¿Una mezcla de Xabi Alonso por el pase y Xavi por la técnica en corto?
B.S. Sí, puede ser. Los pases largos se han hecho muy famosos. Beckenbauer, mi ídolo, cuando me vio jugando dijo que tenía la mejor de técnica de tiro de Alemania. Y esa es la misma técnica que en el pase. Pero fue a raíz de pegar millones de pelotas.
R.L. No se nace con eso.
B.S. No sabes la cantidad de pelotas día a día que he pegado, con zapatillas, sin ellas… y tenía una gran ventaja. Yo jugaba todo el día en la calle y eso nos ayudaba mucho.  Sin eso es complicado ser técnicamente bueno.
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R.L. ¿El equipo de tu vida en España es el Barça?
B.S. Ocho temporadas te marcan mucho. Muchos recuerdos y momentos. Siempre voy a fijarme en el Barcelona aunque ha cambiado mucho. De 20 a los 28, momentos de crecer, aprender un idioma, conocer un país y un campo aunque había jugado unos años antes un Gamper con el Colonia. A la una y media de la noche jugando ahí… En ningún momento creí que podía estar ocho años. Ni hablar, porque a mi mujer le costó adaptarse. Llegué con mi mujer y un niño de 10 meses… De joven tienes tiempo para todo. Al final fue todo bien. (...)
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R.L. ¿Cómo un equipo con Schuster y Maradona no ganó la Liga?
B.S. Si fuera aficionado me preguntaría lo mismo pero yo sé por qué. Pasó lo mismo con Cristiano en el Madrid. Cuando llegó Diego, tenía una sombra tan grande, que nos apagábamos todos. Yo también. Hacíamos lo mínimo. No sólo podríamos haber ganado una Liga sino haber marcado una época porque había siete internacionales españoles. No supimos sobreponernos. Y la prueba. Se marcha Diego, y somos campeones con un equipo peor. Con Archibald que no lo conocía nadie, no quiero desmerecer a ‘Archi’, que era un tipo fantástico, pero no tenía ni el 10% de la calidad de Diego.
R.L.  Maradona era un líder con 20 años.
B.S. Yo no tuve nunca envidia. Con Diego me llevé fenomenal, compartía habitación. Se peleó con el club por las primas. No era envidia, pero él y todo lo que le rodeaba era tan grande.
R.L.¿Es cierta la famosa anécdota de que tirasteis los trofeos en una bronca con Núñez?
B.S. Breitner nos invitó a su partido de retirada. Queríamos ir y una vez más el club dijo que no porque faltaban 10 días para la final de Copa con el Madrid. Nos arriesgábamos a una lesión y tenían razón, pero nosotros dos cabezones queríamos ir porque era Paul Breitner, un tío famoso, campeón del mundo y una vez más, no los entendíamos. Diego y yo, los dos juntos… imagina lo que éramos. Estábamos en la oficina, y en un momento Diego dijo, si no me dejáis, tiro los trofeos… Nos podríamos haber ido sin permiso, pero en esta época los clubes tenían los pasaportes y no nos podíamos escapar. Pero al final no se llegaron a tirar los trofeos. Diego amenazó pero no pasó.
(…)

R.L.  Gol de Marcos en la final 83 y se ve a Schuster hacer un corte de mangas. ¿Iba al Madrid o a Stielike?
B.S. Por supuesto que a Uli. Jugamos juntos en la selección y nos llevábamos bien, pero la rivalidad Barça Madrid se notaba. Nos insultábamos. Con los Camacho, Del Bosque… era tremendo. Y a mí que era una persona que se me picabas un poco y ya empezaba… Vete a tomar por ahí, por otro… Lo de Uli viene de antes, de mi primer adiós a la selección alemana después de un partido contra Brasil y la fiesta de cumpleaños de Hansi Müller. Fue un partido al que me fui sin permiso del Barcelona. No me dejaban ir porque había un partido contra el Rayo, de Segunda B, en miércoles. Era mi primer partido contra Brasil de Zico, Junior, Socrates… ¡vamos! ¿Me lo vas a quitar por un partido contra el Rayo? ¿Estáis locos? Me cogí un avión y me presenté en Alemania. Al final acordamos con el seleccionador jugar 45 minutos. Todo bien, pero al día siguiente me iba de Stutgart a Frankfurt para volver a Madrid y jugar el partido con el Barça. Y aquí llegó el problema. Esa noche celebraba Müller su cumpleaños e invitó a todo el equipo. No fui porque tenía un vuelo a las 7.30 en Francfurt y a las 4.30, cuando Paul Breitner volvía de la fiesta yo me iba de viaje. Al no estar yo en la fiesta, empezaron a rajar al entrenador y no me convocaron para jugar contra Noruega el siguiente partido. Y uno de los que rajaba era Uli (ríe). Por eso cuando llegó el gol de Marcos, dije: ‘Toma, esto para ti’. Monté un follón por jugar contra Brasil, me cayeron por todas partes, pero en Vallecas ganamos 0-6.
(…)
R.L. 1986, una Champions con una final muy curiosa: ¿Qué se te pasó por la cabeza para irte del estadio antes de acabar el partido?
B.S. Tiene una explicación muy fácil, Ocurrieron muchas cosas. Después de Diego ganamos la Liga 11 años después en una temporada espectacular, campeones con cinco jornadas de antelación. La celebración fue inolvidable. Del aeropuerto al Nou Camp fueron las horas más felices de mi vida.  Y yo era hasta capitán del equipo. Después de esa Liga, Terry [Venables] fue en verano  a Núñez y le dijo que necesita otro extranjero porque yo llevaba cinco años y era mucho tiempo. Quería a otro. Y Núñez dijo:  ‘Como quite al alemán me matan’. Y Terry se jodió. Yo no sabía que no me quería y empezaron los roces.
R.L. ¡Pero si aquel año fuiste balón de plata! ¿Tenía Venables celos de ti?
B.S. No lo sé pero cuando me enteré de que me quería vender se me abrió la mente. Lo cuento para que se sepa lo que pasó después, en la final. Terry tuvo roces con Zubizarreta, Migueli… Lo he dicho siempre, además no llegamos en buenas condiciones a esa final porque dos semanas antes perdimos la final de Copa al Zaragoza, lesiones… Me tiré toda la semana pensando que el entrenador no me quería. Y jugamos la final, no estaba bien físicamente porque salí de lesiones pero aquel día daba igual si bonito o feo, al final, a levantar la copa. El rival era poco conocido, el Steaua de Bucarest, 60.000 catalanes en Sevilla porque ellos no podían salir del país. 0-0, 0-0 y en el 81 mi cambio. Imagina lo primero que me pasa por la cabeza. Yo era el principal lanzador de penaltis e íbamos a la prórroga. Salí y lo vi claro desde el primer momento, voy al vestuario solo, me abren y me dejan ahí. Un vestuario medio oscuro y empiezo a pensar en la película que tenía en la cabeza. Dándole vueltas pensé: ‘Ya sé lo que pasa. Este cabrón quiera ganar sin mí, para decir luego que el alemán no hace falta. Se la ha jugado el cabrón. Por el ego suyo de querer echarme se la ha jugado’. Y perdió y yo fui el gilipollas que se llevó la culpa cuando en realidad fue él, el que se jugó la Copa de Europa por encima del Barcelona. Cuando vi que se la estaba jugando me vestí y dije: ‘Me voy. A tomar por culo’. Me duché, me fui, cogí un taxi y el taxista: ‘Pero Bernardo, ¿Qué haces aquí? Si estabas jugando’. Yo le dije: ‘Tú méteme en el hotel’. Escuché el partido en la radio y vi los penaltis en el hotel. Hombre, yo quería que ganara el Barça. Dos años jugando para eso. Con una semifinal remontando… Por Terry me alegré porque me pareció fatal esa actitud. Que te juegues tu ego a la cabeza de un club. Porque para este club esa copa era todo.
(…)
R.L. Con la selección todo fueron problemas, pero con los clubes siempre te fue bien.
B.S. Al final sin querer, porque no me fui al Madrid para joder al Barça ni al Atleti para joder al Madrid. Son las cosas. El día que fiché por el Madrid fue por suerte porque tenía una oferta espectacular de la Juve. Me querían de sucesor de Platini y yo cumplía contrato. Era libre y negociaba. Negocié, y a raíz de un tema escolar para mis hijos no lo acepté. Y tenía un cheque en blanco pero no tenía un colegio alemán para mis hijos y no acepté. Y por eso me llamó Leo [Beenhakker].
R.L. Llegaste al Madrid con la Quinta en pleno apogeo más la vieja guardia… ¿Cómo era aquel equipo?
B.S. Perfecto. Me acogieron de una manera espectacular. Sin un pero. Empezando por Leo, que era el que me quería, hasta los jugadores. Me fui allí con sensación rara porque yo con Gallego me había llamado de todo en los partidos. Con Gallego, Camacho… Y de repente me encuentro con ellos compartiendo vestuario. Pensé: ‘Me van a poner…’ Y nada, muy bien, desde el primer día Emilio, Michel, Sanchís, Martín Vázquez y la vieja guarda. Noté una sensación diferente al Barcelona. Por eso son muy distintos. En todo. Más ambiente en el vestuario, más unión equipo club, mucha cercanía. Mendoza y FernándezTrigo, que era el que mandaba. Mendoza era más de las comiditas, las barbacoas, pero la disciplina la llevaba Trigo.
(…)
R.L. La espinita fue la Champions con el 5-0 del Milan.
B.S. Noté un poco el shock del año anterior de caer en semifinales sin perder en toda la competición. Eso fue un golpazo tremendo. En cuartos cayó otra vez el PSV. Hicimos la revancha, les echamos. Y luego el Milan con Rijkaard y Ancelotti en el centro. Nos ganaron por un tema mental. Yo antes del partido tenía sensación de que nos iban a meter. Llegamos con 1-1, con la mala suerte del gol de Van Basten en la ida, pero desde la preparación fue clave el tema mental. No estábamos a la altura. Técnica y físicamente sí. Hicimos el doblete… pero el tema mental no.
R.L. Sacchi le pegó un repaso a Leo.
B.S. Bueno, a todos nosotros. Los entrenadores compiten, pero a raíz del 1-0 de lejos de Ancelotti… No nos metieron siete u ocho porque se echaron para atrás.
R.L. ¿Le faltaba a la Quinta el carácter?
B.S. Parecía eso, que no aparecieron. Puede ser.
R.L.¿Mendoza era tan vividor?
B.S. Quizá es el presidente con menos trato que he tenido. Sólo los buenos días. Su trato era para los niños de la quinta que los trató de maravilla. No fue ningún problema. No pasa nada, pero era un hombre que vivía más ser el presidente. Detrás había otra persona que ponía las reglas.
R.L. Fernández Trigo  era el gran desconocido.
B.S. Como José Ángel Sánchez ahora. La gente no sabe quién es pero maneja el club. Fernández Trigo me llamó al despacho y me dijo: ‘Tienes que venir que tenemos un problema contigo. Me han comentado que has dejado de firmar autógrafos a unos niños’. Yo, en esa época, también en Barcelona, era una persona que si me tocaba el buen día firmaba 30.000, pero como me tocara el día feo,  yo mandaba a tomar por culo… era muy borde en eso. Y jamás en Barcelona nadie me dijo algo de esto. Trigo me dijo: "Si quieres estar el Madrid, estás obligado a firmar los autógrafos que sea."(...)
R.L.¿Cómo era Jesús Gil?
B.S. Una persona imprevisible. Un tío con un corazón enorme. Como necesitaras algo no tardaba nada. Por otro lado tenía una exigencia por cómo veía el fútbol y el club. Luchar, correr y sudar. Luego puedes hacer lo que quieras. Puedes perder un partido, no pasa nada. ¿El Atleti tiene esa fama no? De club trabajador de gente que quiere ver que tú, con lo que ganas, tienes que sudar. Y como viera que no era así, ponía una reunión de un minuto a otro. Esas reuniones, para que veas como es Jesús Gil, eran en una mesa larga de reuniones, para 30 o 40 personas. Y los 20 estábamos atrás, las primeras 10 sillas vacías. Como empezara tal y tal y tal… se quitaba la chaqueta que cabían 3 jugadores… Pero no nos reíamos. Le teníamos un respeto total, por eso nos sentábamos atrás. En 15 minutos nos dejaba bien claro qué es el Atleti y ya está. Por su presencia y atrevimiento en meterse con todo el mundo, te asusta. Este nos mata, pensábamos. Pero he conocido a su familia, hasta llegar a montar a su Imperioso que sabía español…su finca de fines de semana con mis hijas montando a caballo, una amistad…hasta hoy.
R.L. La imagen tuya del Atleti es ese gol de falta.
B.S. Ahora te para cualquier atlético por la calle, y te dicen…ese gol…
Entrevista completa publicada en la revista 'Líbero'