Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

El Real Madrid golea al Murcia

Más allá de la goleada y del salto a octavos sin derribar el listón, el partido pasará a la historia por ser el primero en que Mourinho fue expulsado del banquillo del Madrid; las rojas que vengan no tendrán tanto encanto. Los espectadores que se convirtieron luego en sus compañeros de grada también tienen una historia que contar. Y, por supuesto, el árbitro, Paradas Romero, cuyo currículo, deportivo o laboral, siempre empezará por esta noche, minuto 38, el momento en que dio una orden a Mourinho y Mourinho obedeció. Eso es el poder, erótica incluida.
Las razones de la expulsión no son importantes. El entrenador se enredó con el cuarto árbitro por los lindes del área técnica y sus quejas se elevaron hasta la autoridad al mando. Enviado Mourinho al exilio, el estadio reaccionó como si hubieran expulsado a Butragueño o a cualquier otro ser angelical. Con bronca, indignación y, asómbrense, con cierto instinto maternal. También ese milagro lo ha obrado Mourinho. El crítico Bernabéu se ha rendido a su magnetismo y se ha transformado en abuela protectora de las de no me toquen al niño.
Casualidad o no (tiemblen, quizá seamos guiñoles en manos de Mou), a partir de entonces el Madrid no dejó de acumular buenas noticias. Apenas cinco minutos después, y mientras Mourinho aún encontraba acomodo entre el pueblo, Higuaín marcó el segundo gol. El Murcia reclamó fuera de juego y tenía razón. Aunque Ramos evitó con un salto el contacto con el balón, su posición junto al portero, tomados casi del brazo, era un elemento de estorbo y distracción.
Con media parte por delante, la intriga pareció agotarse y el partido también. Sin embargo, volvió a surgir Mourinho, crecido en el castigo. Mientras otros hubieran optado por repartir minutos entre los desfavorecidos, él, tras el descanso, dio entrada a Xabi Alonso y Cristiano por Canales e Higuaín.

Es fácil imaginar que el único madridista que no celebró el movimiento fue Canales, que quedó señalado y volvió a estarlo después, en conferencia de prensa. La verdad es que no fue su noche, y más que la falta de inspiración se le reprocha la falta de nervio y de alegría. Oportunidades así son para gozarlas, para ir regalando besos.
Tuvo más interés Granero, autor de un gol formidable que dice mucho de su pie derecho y de su tarso anterior. Sólo le faltó más continuidad, igual que a Pedro León, otro talento inconstante, más atormentado que feliz. Si algo quedó en evidencia cuando salieron las fieras fue la enorme diferencia de energía entre titulares y suplentes.
Goles.
Vean, si no. Cristiano marcó el tercero a pase de Di María con el exterior. El argentino provocó el penalti del cuarto (caramelo para Benzema) y Xabi logró el quinto con un afortunado lanzamiento de falta desviado por una media roja. Todo entre guiños y sonrisas.
Los murcianistas, como en su campo, no resolvieron el tránsito de la defensa al ataque. Lucieron en el orden, pero se diluyeron de cintura para arriba. El penalti de Xabi y el gol de Pedro premiaron su esfuerzo, no su mordiente. Les quedará el consuelo de verlo todo de cerca y a Mourinho en la grada. Esa historia también es suya.