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El Real Madrid comienza a engrasar la máquina

Venció por 4 a 0 al Rosenborg ante unos 79.000 aficionados y se llevó el Trofeo Santiago Bernabéu ante un rival muy inferior
Resultaría una imprudencia declarar el estado de optimismo por zarandear al Rosenborg, quinto clasificado de la última Liga noruega. No obstante, y atendiendo los considerandos, recomiendo la imprudencia y el desenfreno. La ilusión desatada. Sueñen, crean, abónense. El Real Madrid cuenta con un equipo fabuloso capaz de un fútbol formidable. Eso se aprecia por el ojo de la cerradura y no hay motivo para pensar que el panorama decaerá cuando las puertas se abran de par en par. Más bien al contrario.
Ayer regresó el Benzema de las pisadas de gigante, el púgil de la mano de piedra. Al buen toque que aporta la concentración de talentos se añade, por fin, la fluidez que inyecta Xabi Alonso y a su capacidad de organización se suma la increíble evolución de Lass.
Raúl jugó su papel, que fue gris hasta que se redimió con un cabezazo estupendo, ya en el 54', pero queda la sensación de que el dibujo mejorará con Robben a la izquierda y Cristiano a la derecha.
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