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El Milán pone a prueba el músculo del Madrid

Llenazo en el Bernabéu para presenciar el gran derbi de Europa
Entre los viejos enemigos se establece un particular tipo de hermandad. Aunque cada reencuentro anuncia una batalla incruenta, los antiguos rivales suelen encontrar tiempo para pellizcarse los mofletes y preguntarse por la familia, sinceramente interesados en quién pretenden liquidar. Así es la relación entre Madrid y Milán. Antes que rivalidad hay respeto, y hasta diría que comprensión, la solidaridad que nace entre quienes han disfrutado parecidas alegrías y comparten los mismos problemas: cómo limpiar tanta plata.
No es raro que el madridismo haya respondido con entusiasmo y, formado en largas colas, agotara ayer mismo las entradas. La afición se siente convocada por estos partidos como por las campanas de la iglesia. Viene el Milán y hay que ayudar en lo que se pueda. Aunque sea abonando entre 50 y 145 euros, los precios de las localidades (sin derecho a consumición ni piso en Torrevieja). No hay como un viejo enemigo para estimular el interés, el morbo y el gasto.
Evidentemente, también ayuda el estado de felicidad que vive el Madrid. Vista la adecuada progresión del equipo frente a rivales menores, hoy apetece comprobar su rendimiento ante un adversario que permita extraer conclusiones ciertas.
Señalada la expectación, la primera tentación para adornar el partido es colocar sobre el césped las 16 Copas de Europas logradas entre ambos clubes (9+7). La siguiente es clamar vendetta, repasar una historia de malditismo (maldinismo, más bien) y recordar la última victoria milanista, hace apenas un año (2-3). Aquella derrota no fue una más: descubrió la primera grieta de un proyecto que nacía con tanta ilusión como el actual, aunque ahora esté feo decirlo.
Favorecidos.
Sin embargo, más allá de pasadas afrentas, el partido acepta un análisis sin antecedentes, atento sólo al presente de cada cual. Y en ese retrato todos salen favorecidos. Si el Madrid viene de hacer un partido brillante ante el Málaga (1-4), el Milán firmó uno parecido frente al Chievo (3-1). Y del mismo modo que los goles a pares de Cristiano e Higuaín fueron una demostración de fortaleza, tampoco resultaron despreciables los dos de Pato (asistencias de Ibrahimovic) o el tanto de Robinho a pase de Ronaldinho. Este último, por cierto, aprovechó para destaparse con un regate descatalogado: caño de espaldas pisando la pelota y sin mirar a su atónito marcador.
Lo más importante en ambos casos, Madrid y Milán, es que los últimos encuentros involucraron a todas sus estrellas, afinadas para la cita que nos ocupa.
Habrá bajas, no obstante. Sergio Ramos no entró finalmente en la lista y Arbeloa volverá a ocupar su lugar, repitiendo el once de Málaga. La ausencia de Canales de la convocatoria, cubierta por Mateos, sugiere uno de esos castigos que se disfrazan de decisiones técnicas. En el Milán, Thiago Silva pasará hoy una última prueba; de no recuperarse, Bonera será su relevo.
Y un apunte final. El argumento de grupo en construcción no sólo le sirve al Madrid. También merece crédito ese equipo de las segundas oportunidades que es el Milán. Hoy se cruzan esos dos trenes: uno que va y otro que quiere volver.