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Marta Domínguez, oro en Berlín

Venció en 3.000 obstáculos batiendo a la plusmarquista mundial
Fue en la T-4, antes del vuelo para Berlín, el jueves pasado. Le había pedido tres preguntas sobre cómo veía este Mundial y, a la tercera, que iba sobre los recuerdos de aquella caída perra en Pekín, Marta Domínguez frunció el ceño. Asomó esa navajita palentina que brilla bajo los pañuelos rosa de Marta: "Pues mira, eso no lo voy a olvidar nunca".
En el avión a Berlín entraba la misma Marta que en París 2003, antes de cazar la plata en 5.000 (Marta no compite: caza), hacía esta declaración de intenciones en la Torre Eiffel: "A ver, para que os enteréis: a mí me mueve la ambición. Ambición por ganar. Sólo me fijo en los otros del equipo por envidia o motivación. Si pierden, lo siento por ellos. Pero yo quiero ganar por mí. Y si ganan, me sienta incluso peor: porque entonces me digo que yo quiero tener otra medalla". En 2003, aquella Marta descolgó su segunda plata en Mundiales ante Szabo, Masai, Zadorozhnaya y sólo cedió ante Tirunesh Dibaba, la gacela etíope de etnia arsi, tan arsi como Gebrselassie o Bekele, para entendernos.