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Mucho Madrid, nulo Zaragoza

El Real Madrid hubiera ganado al Zaragoza con perro, con gato o con mosca. La razón es que anda muy mal ese equipo, como atacado por una desesperanza crónica. Ni siquiera la presencia de un rival tan prestigioso le estimuló más de catorce minutos, los primeros, los anteriores al gol de Özil. El resto fue un largo penar, depresivo unas veces y cruelmente cómico otras.
Si el Madrid no hizo más sangre es porque ayer su gato no cazaba ratones. No fue el día de Benzema, digamos. Y su genética frialdad se hace más evidente (e irritante) cuando no consigue marcar. Es entonces cuando pensamos que sería un magnífico desactivador de bombas o un apreciado nadador entre tiburones blancos. Cualquier oficio que premie los nervios de acero, el carácter robótico y el rictus impenetrable. Lo que queda claro es que no prosperará nunca como animador de hotel.
Lass, con quien compartió estrellato en el partido contra el Auxerre, repitió protagonismo e incluso mejoró la nota. Su última media hora fue para ponerla un marco: dirigía, presionaba, robaba y hasta estuvo cerca de marcar un gol, lo que hubiera sido como atar su corbatín en los cuernos del toro. Lass, ahora mismo, está para presentarse a unas elecciones.
Como ya dijimos, los primeros minutos del partido fueron engañosos. El Zaragoza salió con el impulso que le dio el discurso de Aguirre (Jalisco no te rajes) y aquel eco le alcanzó para pisar el área de Casillas con cierta facilidad. Bertolo se dejó ver y Lafita probó suerte con un disparo cruzado. Hasta que el equipo relajó el gesto y se le descubrieron las arrugas.
El primer gol del Madrid nació de una pérdida de Sinama, al que ya le queda poco por perder. Con ese balón se montó un contragolpe (el plato de la casa) que aceleró Cristiano con una espuela y amartilló Marcelo con una asistencia excelente; Özil culminó con la tranquilidad de los muy buenos.
Vacío.
Enfrente ya no había Zaragoza, ni siquiera Romareda. El encuentro se congeló de pronto y donde se esperaba un rugido sólo se escuchó un insoportable megáfono (todos lo son) que no hacía más que acentuar el vacío del entorno. Necesita terapia el dueño de ese campo. Y rancheras. Y dos centrales. Y otro par de laterales. Quizá también dos huevos duros.
Cristiano marcó el segundo tanto con uno de sus famosos tomahawk. El proyectil, preciso y asesino, sobrevoló una barrera porosa y fue seguido por Leo Franco con los ojos, porque el cuerpo no le acompañó.
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