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Carlos Soria: “El Dhaulagiri es el ochomil más peligroso de los que me quedan”

Entrevista a Carlos Soria durante los preparativoscuatro.com

Carlos Soria acaba de salir de Katmandú, primera parada de su expedición al Dhaulagiri y comienza la marcha de aproximación. Durante los preparativos, le preguntamos cómo afronta su segundo ochomil del año

Dario Rodríguez
La expedición liderada por Carlos Soria voló ayer de Katmandú a Pokhara y comienza hoy la marcha de aproximación al Dhaulagiri, uno de los últimos ochomiles que le restan para completar su proyecto de catorce cimas de 8.000 metros.

A pesar de sus 72 años de edad, Carlos Soria tiene claro que ésta “no es una excusa, es una realidad” y, es optimista a pesar de asegurar que “este ochomil es el más peligroso de los que me quedan” y es que añade que “vamos con medios para hacer una expedición como dios manda”. El Dhaulagiri espera.

¿Qué es lo mejor de esta expedición que estás empezando?
Lo mejor es el gran equipo con el que voy: no voy solo, sino con un equipo de amigos agradables; y que vamos con medios para hacer una expedición como dios manda.

¿Qué es lo que más te preocupa del Dhaulagiri?
Las avalanchas, que es lo que más me preocupa de todas las montañas.

¿No te preocupa más el Dhaulagiri que otras montañas?
No. No me preocupa más de lo que me preocupaba el Manaslu, por ejemplo.

Tiene muy mala fama el campo 2…
Sí. Ha muerto gente allí, dos españoles –Santi Sagaste y Ricardo Valencia– hace relativamente poco tiempo. La última vez que estuvimos en aquel campo 2 estaba fatal. No volvería a montarlo allí ni de coña.

¿Cómo te planteas ahora el campo 2?
Hay que ver la montaña primero; lo importante es que sea un campo seguro, ya sea a mayor o a menor altura. Lo que tengo claro es que no voy a dormir allí, posiblemente nunca. Hay que hacer las cosas lo más seguras posibles.

¿Cuántos sacos de dormir llevas?
Dos, uno para el campo base y otro para el campo 1 o el campo 2, aunque a partir de ahí ya se duerme con el mono. Mi saco anterior era un poco fino y este nuevo tiene muy buena pinta.

¿Has podido entrenar estos días?
Sí; me he dedicado a mover cubas, porque los lumbares son lo que más fácil te puedes lesionar; los dolores en esa zona son tremendos.

¿Cuántos libros llevas a la expedición?
Para esta llevo cuatro libros.

¿Por qué siempre has defendido el llevar un médico a la expedición?
No lo he defendido excesivamente, pero está bien; al ir seis personas a un sitio donde no va a haber apenas gente, es algo positivo. Eso sí, es de lo primero que podría prescindir, como de los cámaras.

¿Cuántas veces has salido de expedición en tu carrera?
Aproximadamente, he hecho unas 50 expediciones.

¿Qué es lo que más ha avanzado desde que fuiste por primera vez al Himalaya en 1973?
En la información se ha avanzado de una forma tremenda. En el material se ha avanzado en las tiendas de campaña y en la ligereza de todos los materiales. No se pasaba más frío, pero ahora te sientes más ligero.

¿Cómo ha cambiado el tema del liderazgo?
No ha cambiado mucho. Lo que pasa es que antes había muy poca gente y ahora hay mucha, por lo que hay muchas ideas y motivaciones diferentes. Antes estábamos descubriendo las montañas y teníamos las ideas muy claras. Ahora hay mucha gente con conceptos distintos.

¿Hay alguna pieza de material que sigas usando desde el 1973?
Sí, unos patucos de Pedro Gómez, que eran de esa época; creo que de 1971 del viaje a Alaska.

Al partir, tras tantas expediciones, ¿ya no sientes nada?
¡Cómo no voy a sentir nada!; lo que tengo es unas ganas de irme tremendas. Estoy harto de la tensión de los últimos días antes de irme. En cuanto a la familia, pues sí que me da apuro ver a mi hija cuando me dice que tenga cuidado… pero no me dan ganas de llorar.

¿Nunca te has preguntado si vas a volver?
Eso siempre lo he pensado. En casa te lo preguntas, si bien, en el aeropuerto ya no estás pensando en eso. Pero es normal que te asalten dudas de este estilo. En la montaña ya estás a lo que estás. La primera vez que lo pensé en la montaña fue en el Manaslu, en otoño de 1973, que lo pasamos fatal, horrible… unas nevadas y unas avalanchas terribles. Fue para no volver, pero volvimos.

¿La familia ha sido un argumento para no ir a una expedición?
A veces ha sido un peso, pero no un obstáculo, ni mucho menos. En 1964 iba a ir al Aconcagua y no fui por razones familiares y económicas, porque estábamos montando un taller. Podía haber ido y la dejé.

Pero has estado muchos años sin ir de expedición…
Sí, pero era porque no me lo había planteado, no es que renunciara a un proyecto. Ha habido años que no me planteaba ir al Himalaya, sino a Dolomitas o a los Alpes. La fiebre del ochomilismo me ha dado más de mayor.

Para ti la edad nunca es una excusa…
No. La edad es una realidad. Hay cosas que no puedo hacer, no es que no quiera. Me gustaría hacer escalada de gran dificultad, pero no puedo. Me estoy planteando hacer el Dru por el Couloir norte, pero es una barbaridad. Si llevara un compañero fuerte que hiciera la parte mixta, iría.

¿Qué sientes cuando ves a una chica tan joven, de 23 años, como Lucía López ir sola al Himalaya?
Es muy simpática, pero debe tener cuidado con ciertas cosas. Un poco de experiencia siempre hay que tener, porque la experiencia no es más que sentido común.

¿Tienes prisa por aprovechar ahora todas las temporadas?
Prisa no, pero me interesa aprovecharlas, siempre que pueda y no haya inconvenientes; me parece algo lógico, porque las temporadas vienen cuando vienen.

¿Cuál ha sido tu ochomil más rápido?
En días de estar en el campo base, fue el Cho Oyu. El Dhaulagiri pudo serlo el año que murió Pepe Garcés. Subimos muy rápidamente hasta la travesía, pero no estaba en buenas condiciones. Fuimos muy pronto, ya que cogimos el helicóptero hasta el campo base.

¿Cuál es el ochomil que más te preocupa de los que te quedan?
Ésta es la que más fama de peligrosa tiene, pero ya he estado aquí. En cambio, no he estado en el Annapurna y me hace mucha ilusión. Me preocupo relativamente; sé que hay que ir con cuidado.

Tú no crees en las leyendas del alpinismo….
Yo sólo quiero ver las cosas de cerca; te cuentan cosas y te haces una idea, pero muchas no se corresponden, porque las montañas no están en la misma situación.

¿A la montaña se va a sufrir?
No. De ninguna manera. A la montaña se va a pasarlo bien. A veces se sufre un poco, pero para mí sufrir es pasarlo muy mal, algo que te puede pasar debido a algún imprevisto. Pero no se va a sufrir.

¿En un ochomil se disfruta?
¡Cómo no se va a disfrutar! Si no disfrutara, no iría.

¿El campo base se hace muy duro?
¡Qué va! Me parece estupendo; descansas, lees mucho, tienes tranquilidad… Además, ya sabes que tienes que ir a un campo base a pasar muchos días allí. Los hay más o menos agradables, pero yo nunca lo paso mal en un campo base. Puede haber un ambiente que no te guste, pero te puedes aislar en tu tienda, con tus libros, tu música, tus paseos…

¿Qué es más duro, un ochomil o una escalada extrema en Los Alpes?
Depende de las condiciones; en dureza, puede que el ochomil, pero en dificultad no hay color. Lo más difícil es hacer alpinismo serio, escaladas difíciles en Los Alpes o en montañas más grandes. Pero más duro es hacer escalada de dificultad en el Himalaya; hay gente que ha hecho vías extremas en el Himalaya y eso sí es verdaderamente duro.

¿Roca, nieve o hielo?
Todo. Aunque el hielo y la roca me encantan.

¿Un alpinista?
Reinhold Messner. Es un poco cascarrabias, pero me quedo con él.

¿Un libro de montaña?
La montaña resplandeciente, de Tasker y Boardman.