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Buen fútbol en el Madrigal en un partido con polémica

Maravilloso. Magnífico. Un partidazo. Villarreal y Atlético interpretaron ayer un canto al fútbol en El Madrigal. Lástima que en la sinfonía balompédica se colara un intruso con un silbato fasdiándolo todo. Sin la flojísima actuación de Ramírez Domínguez (se va a congelar en la nevera, fijo) la noche habría sido perfecta. Nunca se sabrá cuál hubiera sido el marcador con un árbitro justo. Porque el primer tiempo fue para el Atlético y el segundo para el Villarreal. Ambos merecieron ganar por sus elegantes y brillantes propuestas.
Los dos equipos hicieron todo lo posible por hacerlo bien y el árbitro lo hizo rematadamente mal. Hasta tres penaltis a favor del Atético, e incluso, uno para el Villarreal, pudo señalar Ramírez Domínguez y no quiso pitarlos.
Buen planteamiento.
Quique cambió el guión que se esperaba del partido con un granplanteamiento. Sacó al Atlético arriba, a adueñarse del juego desde elprimer minuto y pasó la misión del contragolpe al Villarreal. Durantelos primeros ocho minutos, el Atlético fue muy superior al conjuntoamarillo en toque, intensidad, velocidad y desborde. Pero la primeravez que se aproximó Nilmar, en una arrancada potente y veloz desde lalínea del centro del campo, dio un pase interior perfecto a Cani paraque el maño batiera a De Gea en la salida. El Atlético siguió a lo suyoy no se descompuso por el excesivo castigo en el marcador. Tampoco selamentó del posible penalti de Bruno que no señaló Ramírez Domínguez enel primer minuto de juego ni del milimétrico fuera de juego que habíaseñalado a los dos minutos anulando un gol del Kun. El Atlético gustabay se gustaba con Raúl García mandando, Reyes desbordando, Ujfalusiincorporándose siempre con criterio y poderío y el Kun marcando ladiferencia siempre que le llegaba el balón.
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