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El Barcelona da un paso de gigante para llevarse el Mundialito

Busquets empató antes del descanso, Messi marcó nada más salir y Pedro hizo historia
No llevaba ni un minuto en el terreno de juego y ya había cumplido el objetivo. Messi. Leo Messi. Ese zurdo argentino del que dudan en su país natal. ¡qué fútbol mirarán! Joven, estrella, aclamado y adorado allá por donde pisan sus codiciados pies. Genio. Figura. Artista. No es de extrañar que todas las multinacionales lo quieran en su nómina de clientes. Recibió el Pulga un servicio interior de Ibrahimovic y sólo necesitó darle dos toques a la bola para superar a Vilar: se hizo de día en Abu Dhabi. Se encendió la pasión por un futbolista al que ya en los prolegómenos del partido la multirracial hinchada que llenaba prácticamente las gradas lo reclamaba a gritos de manera desesperada.
Desde hace una semana, Messi estaba peleando por estar en el partido. Quería jugar sí o sí. Le robó horas de convivencia a su familia. Su objetivo no era otro que alinearse. Si en el avión recibió masajes, desde que pisó Abu Dhabi hizo terapia en la playa. No le falló el tobillo y pudo lucirse. Sensacional. Luego apenas entró en juego, pero sí que le dio tiempo para resolver un partido que se había puesto feo.
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