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El Barcelona echa de menos a Messi y gana por la mínima

Villa decide un espeso partido en el que el campeón casi se pilla los dedos
Seguramente, David Villa llegó al Barça para hacer lo que hizo anoche. Desatascar partidos perros en los que el público del Camp Nou se pregunta "¿qué está pasando aquí?". Partidos que se juegan entre semana. Partidos que se disputan ante rivales ordenados, honrados e incómodos. Partidos que si no se ponen de cara en los primeros diez minutos son un remar contra corriente todo el rato. Partidos que ponen nerviosa a la grada y que son carne de jugadores poco habituales. Partidos para pillarse los dedos con la puerta porque el rival llega con 8 novedades respecto al último partido y aún así, te la lía. Todo eso sucedió ayer en el Camp Nou y los de Preciado estuvieron muy cerca de darle un disgusto a los de Pep. Pero para eso el Barça se gastó 40 millones en el Guaje. Para decidir este tipo de partidos.
En un encuentro incómodo y grumoso, Villa supo convertir en gol un gran pase de Alves recién iniciada la segunda parte. Fue suficiente para meterse tres puntos en el zurrón y evitar el segundo susto en el Camp Nou, que estuvo muy cerca de producirse y despertar a un estadio que estaba entre el bostezo y la inquietud.
El Barça dio ayer la sensación de ser un equipo excelente que sólo saca su mejor versión ante los grandes retos. Corre el peligro de caer en el pecado de la excelencia. Eso es, ser un equipo que sólo se motive ante los rivales de campanillas y que las citas ante Sportings y Hércules de turno se la traigan al pairo. Ante los grandes desafíos, los de Guardiola muestran su mejor cara, pero cuando llega la faena del día a día, se amodorran, se ponen el traje de funcionario y parece que les falte nervio... hasta que llega el chispazo que cambia el rumbo del partido. Ayer, ese chispazo se llamó Villa. El guaje tendrá partidos mejores, pero no más necesarios.