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El Barcelona ya no camina hacia el Bernabéu

Con el 3-1 de la ida, Mourinho planteó un partido muy inteligente para lograr el pase a la final. Y lo consiguió. El Inter fue una muralla inexpugnable que el Barça no pudo superar a pesar de mandar en el terreno de juego
A Mourinho hay que valorarle que sabe escoger los fines y los medios, y que sabe hacer que sus equipos ganen títulos. En cuanto al Barça, el partido le llegó con un Messi distinto del de hace dos meses, con Xavi a medias y sin Iniesta. Y con un exceso de motivación ambiental, que Guardiola y el propio equipo trataron de enfriar, y quizá se pasaron en el intento. No fue el Barça, no hubo Barça, y por tanto tampoco hubo partido. El Barça sólo atacó de verdad al Inter muy al final, en los últimos minutos y ya tras el partido, con la golfada del riego. Fue la noche que quería Mourinho. El Bernabéu le espera.
El Barcelona tuvo el 80% de posesión, pero ese dato nos les sirvió para marcar los dos tantos necesarios que les daría el billete a la final, donde ya les esperaba el Bayern. Guardiola no paró en la zona técnica de dar instrucciones, y el equipo lo intentaba, sin concecuencias. La defensa del Inter, muy seria, sabía que tan sólo tenían que defender la renta obtenida en el Giuseppe Meazza para cumplir su sueño y así lo hicieron.
El equipo de Mourinho se quedó con diez en la primera parte tras la expulsión de Thiago Motta por un manotazo a Sergio Busquets. El Barcelona no supo aprovechar la ventaja numérica. Lo intentó sin ideas, sin poder entrar en las bandas, donde Alvés caía una y otra vez en fuera de juego. Y Leo Messi, que apenas apareció, intentó hacer su batalla personal sin conseguir logros.
El gol en fuera de juego de Piqué dio alas al Barcelona, que brindó los mejores 15 minutos del partido. Bojan, con más movilidad que Ibrahimovic, marcó, pero el gol fue anulado por mano previa de Keita.
El pitido final fue el preludio de otra batalla: el de las celebraciones. Mourinho cruzó el campo para reunirse con sus jugadores y para dedicar la victoria a los interistas que se habían desplazado hasta Barcelona. Valdés, irritado con la victoria, fue hacia él, le cogió del cuello y le recriminó la acción, hecho que a Mourinho no le importó lo más absoluto.