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El Barça quiere tener la fiesta en paz

Guardiola intenta que el clásico no se calienteCUATRO
Costaría mucho encontrar un duelo entre el Barça y el Madrid más apasionante que el del lunes. Ambos equipos llegan en su mejor momentos, con cuentas pendientes y como abanderados en la forma y en el fondo de dos maneras absolutamente opuestas, al tiempo que brillantes, de entender el fútbol. Por tanto, no hace falta ser un lince para prever que el Camp Nou será una caldera.
No obstante, el Barça está tocando todas las teclas posibles para tratar de anestesiar la pasión y tratar que todo se resuelva sobre el césped en 90 minutos. Desde el club blaugrana defienden que su superioridad se basa en lo futbolístico, mientras que en la propaganda, la batalla está perdida de antemano.
Solo así se entienden la colección de mensajes letárgicos que de un tiempo a esta parte emiten los actores barcelonistas. Razones no les faltan. El Barça de Guardiola ya ha dado muestras anteriormente de colapsarse cuando el entorno anda sobreexcitado. Las últimas visitas del Espanyol o las del Madrid, que llegaba a su cita en el Camp Nou poco menos que como un corderillo camino del matadero, son pruebas claras de que un Barça­ acelerado es menos Barça­. Pero la prueba del nueve se produjo la pasada temporada, cuando el Inter de Mourinho, un personaje capaz de hacer perder la paciencia al 99 por ciento de los socios del Barça­, llegó al Camp Nou. Entre la presencia del portugués y el horizonte de la final del Bernabéu, todo se salió de madre. Una afición tan poco dada a los excesos como la barcelonista organizó una caravana de motos que acompañó al equipo al campo desde su hotel de concentración. El resultado fue una concatenación de decisiones precipitadas a lo largo de 90 minutos.
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