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Baile ibérico al campeón

El campeón no juega amistosos, defiende la corona, con o sin puntos de por medio, con o sin tratados internacionales de cooperación por firmar. Nos lo enseñó Argentina y nos lo repitió Portugal, con la que cruzaremos del brazo las puertas de la FIFA por imperativo legal y porque en los despachos cazamos en pareja. Pero el partido no tuvo un gesto de hermandad. El vecino fue un macho ibérico rápido, enérgico, duro, con oficio, picado y con picante. Lo que nos temíamos. Y nos atropelló como no recordábamos, entre olés, que en fútbol es música de baile. Necesitamos una limpieza de autocomplacencia.
España anduvo sin balón y sin alma. Portugal nos quitó lo uno y lo otro, apretando mucho a Busquets y Xabi Alonso con ese trivote Martins-Meireles-Moutinho que desprende un fuerte olor a pólvora. Después se puso en ventaja y nos dio una paliza. Fue el KO que nunca debe tolerar el campeón.
Al minuto, Nani, cruce de galgo y pitbull, ya había probado a Casillas. E instantes después, Busquets y Cristiano habían cruzado los guantes. Dos amarillas de partido oficial, casi de Copa del Mundo. Ya sabemos que el Clásico se rodará sobre un guión de Tarantino.
Iniesta.
Sobrevivimos de milagro al arranque de furia lusa con una decoración equivocada: Villa a la izquierda y Silva en punta. Sólo Iniesta, que mejora cuanto toca, sostuvo la escarapela, porque por Xavi nunca pasó el partido. Luego Cristiano, que también aquí se mete el país en la mochila, nos hizo sufrir de verdad. Porque se fue a por Piqué desde el principio y ajustó cuentas con él. También hizo uno de los goles de su vida, que no figurará como tal. Le puso la muleta a Piqué, al que citó de lejos con la carrera y se lo pasó por la cintura con un recorte. Y a la salida del lance, inventó una cuchara inalcanzable para Casillas. Nani quiso apropiarse indebidamente de la gloria y metió su cabeza cuando el balón ya había traspasado la línea. Gautier pitó fuera de juego equivocadamente. Luego preparó el gol de Martins, una puñalada.
No volvió del descanso, pero su selección había cogido tal velocidad que tampoco le echó de menos. A la contra, con velocidad y oficio, nos sacó de pista. No lo arreglaron ni Torres, ni Cesc, ni Llorente ni el Brasil del 70 si Del Bosque lo hubiera tenido a mano. Cada gol fue un latigazo a un grupo en desbandada, sin orden ni espíritu. Un lazo horrible para el año de nuestra vida.