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Igor, con una válvula artificial en el corazón, se atreve con seis cumbres de los Andes

Cuando en 2004 Igor tuvo que someterse a una operación para recibir una prótesis aórtica uno de sus principales temores fue tener que decir adiós a la montaña. Ahora, a pesar de su dolencia, ha sido capaz de enfrentarse junto a un grupo de amigos a seis de las cimas más altas de los Andes, en Ecuador.

Igor Jiménez ha protagonizado en las cimas volcánicas de Ecuador su particular historia de superación contra la adversidad. En 2004, le fue implantada una prótesis aórtica en el corazón debido a la malformación congénita de esa válvula. Entonces, uno de sus principales temores fue el de no poder seguir ascendiendo montañas, una de sus grandes pasiones, por lo que se lanzó a especialistas y centros en busca de respuestas.
Investigando sobre sus opciones, Igor dio con el caso de Veronika Meyer, paciente cardiaca con una válvula artificial similar a la suya que había logrado ascender el Everest con el aval de médicos y cardiólogos. Esperanzado con este ejemplo, Igor se ha lanzado a una aventura, en compañía de un grupo de amigos (Javier, Silvia, Luis, Segio y Carlos), para la que su afección no ha sido una barrera sino un motivo más de superación. Tres semanas, seis cumbres y miles de metros de ascensos entre nieve, hielo y roca.
ascenso andes
En Ecuador, en lo más profundo de los valles andinos, el grupo de Igor se lanzó al ascenso de seis cumbres. Las dos últimas, el Cotopatxi, a 5.897 metros, y el imponente Chimborazo, techo del país a una altura de 6.268 metros sobre el nivel de mar. Las cuatro primeras (Corazón, Illiza Norte, Rumiñahui y Pasochoa) sirvieron al grupo para entrenar, aclimatarse y preparar el ascenso de los dos gigantes.
Por fin, tras diez días de preparación. Llegó el momento de subir al Cotopatxi, entre nieves, hielos y peligros de todo tipo. Para ello, el grupo se proveyó del mejor equipo. Igor, además, de un coagulómetro, fundamental para controlar los niveles de su sangre. Las durísimas condiciones (sensaciones térmicas de -25ºC) impidieron a la expedición hacer cota, quedándose apenas a 100 metros de coronar. Un sabor agridulce que sin embargo no empaña el gran esfuerzo del grupo.
Tampoco en el Chimborazo fue posible llegar a la cima por las mismas circunstancias, siendo Javier el único miembro del grupo que alcanzó los 6.000 metros. Pero lejos de caer en el desánimo, el grupo se va de Ecuador con la idea de que alguna vez tendrán que volver a intentarlo. “A veces la montaña es caprichosa pero siempre seguirá ahí para darnos una segunda oportunidad”.
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