A Diego y Alba les ha llegado por fin la hora de la verdad: la separación. Pero esta vez sin medias tintas, sin experimentos franceses de compartir piso, frigorífico y sofá cama… No, esta vez tocará lidiar con abogados, papeles e intermediarios que finiquiten su matrimonio. Llega el momento de hacer el duelo de su relación y tomar las riendas de su vida por separado. Esto no quita para que sigan compartiendo la responsabilidad de educar a su hija y la amistad y el cariño que se tienen.