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El caso de María Prieto y de Francisco en el Salto de Tequendama

María Prieto, por desamor, acudió al salto de Tequendama. Antes de precipitarse,  ya había escrito su carta de despedida en el retrato que le había hecho un fotógrafo minutos antes de suicidarse: “Por la ingratitud me confundo en la profundidad del misterioso Salto de Tequendama . María Prieto, 4 de noviembre de 1935”. En cambio,  Francisco, un poblador de la zona, estando en su cuarto una noche, despierta porque empieza a oír susurros en la habitación, que le conducen al jardín. Al salir a la calle, se encuentra a una mujer, que de repente desaparece. Al contarlo en el pueblo al día siguiente, ellos ya identificaron a esa mujer con una monja que sufrió un accidente en la zona.