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Buitreman, el hombre que susurraba a los carroñeros

Puntual a su cita diaria, Buitreman llega a las 9 de la mañana y los animales ya le esperan impacientes. Carga su carretilla (si le dejan), y empieza el festín.

El menú: vísceras y restos de conejos. Se lo quitan de las manos… ¡y hasta de la camioneta!

Y alimentar a los carroñeros no es tarea fácil. El cuerpo a cuerpo con estas aves, que pueden medir casi 3 metros con las alas abiertas, ha creado un espectáculo único en toda Europa que cada día presencian los visitantes del observatorio.

El hombre que susurraba, o mejor dicho gritaba, a los buitres se ha ganado a pulso la confianza de estas aves y su título de Buitreman.