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Luz: "Mi pareja no sabe lo de mi intersexualidad, tengo miedo al rechazo"

¿Qué es la intersexualidad? ¿Cómo se detecta? ¿Cómo viven las personas intersexuales? Tras varios meses de investigación, el equipo de 'Conexión Samanta' trata de dar respuesta a todas estas preguntas. De la mano de Gabriel, Mario y Luz, Samanta Villar descubre la realidad de este colectivo prácticamente invisible para la sociedad. "Mi pareja no sabe lo de mi intersexualidad, tengo miedo al rechazo", dice Luz.

Mario nació con una malformación. Tenía el pene y el orificio de orina debajo y los testículos los tenía por dentro pero no le diagnosticaron al nacer. "Dijeron que era una niña y hasta los 14 años me estuve llamando María José. A esa edad años me salió barba, pelo, músculo. Lo hablé con mis padres y nos pusimos en manos de médicos. Los primero que  hicimos fue cambiar el nombre. Ahora soy Mario", dice el joven, que se inyecta testosterona regularmente porque él no la segrega naturalmente. "Llevo diez años pinchándome y no me acostumbro. Me la tengo que poner sí o sí y me han dicho que es de por vida. A ver si me ponen un parche o unas cápsulas porque me han dicho en Málaga que se puede hacer así también.", dice Mario, que desde niño era consciente de que no era igual que las otras niñas. "Yo siempre lo he sabido. Con seis o siete años sabía que estaba pasando algo raro pero con esa edad no sabes si decirlo y hablarlo con tus padres."
Mario: "Tuve que hacer pis sentado hasta los 28 años"
La malformación de Mario le obligó a orinar sentado durante 28 años, cuando una operación le permitió hacerlo de pie. "Si la orina hubiera salido por el pene, a pesar de ser pequeño hubiese podido orinar bien pero la orina salía por dos orificios, el del pene y uno abajo. Los testículos no estaban, estaban en las ingles perdidos. En la operación grande me sacaron los testículos y la tercera operación es la que hace que pueda orinar en un váter de pared. Para mí es un gustazo. Tenía muchas ganas de que llegara ese día porque cuando iba al baño le decía a mi mejor amigo que no se moviera de la puerta."
Mario: "Me llamaban 'marimacho' 100 veces al día"
Con 14 años, Mario da el paso de cambiar de nombre y mostrarse como un chico. "En el viaje de fin de curso llegamos al hotel una chicas me preguntaron como me llamaba y les dije que Mario. Lo tuve que pensar rápido y volví hacia mis compañeros y les dije que a partir de ese momento me llamaran Mario. Lo pensé rápido, se podía hacer una chapucilla en el DNI", recuerda Mario, que explica como la vuelta a casa fue dura. "Los últimos días no podía tragar la comida. El viaje se terminaba, tenía que volver a un pueblo de 1.200 habitantes y tenía que dar muchas explicaciones", dice Mario que siempre ha contado con el apoyo incondicoinal de sus padres. "Mi madre no se asustó, ellos estaban esperando a que yo hablara. A mí me llamaron 'marimacho' durante 13 años 'marimacho'. Todos los días 100 veces. Son los mejores porque yo conozco otros casos que no han tenido el apoyo de su familia y eso si es un problema. Lo mío no ha sido nada", dice Mario, que quiere comenzar una nueva vida. "Tengo muchas ganas de vivir, de descubrir nuevas cosas y dejar esto atrás", dice Mario, que reconoce que lo peor fue la adolescencia. "En la infancia si tenía algún mal rato me lo callaba porque no podía decir por qué. Ahora ya me ha pasado, lo he sabido llevar y ya está. Cuando veo imágenes de mi infancia me gustán porque son de mi infancia."
Los padres de Mario evitaron que le mutilaran cuando nació
Cuando nació Mario, Paqui, su madre, tardó nueve días en poder verle. "Al día siguiente me dijo el médico que de diez posibilidades, 8 era niña y 2 niño. En Córdoba querían cortarle el pene, querían hacerle un clítoris, las bolsas de los testículos las tenía pegadas, sin labios menores. Yo les dije que no se tocaba. Nos fuimos a Barcelona y nos dijeron que se habían equivocado y que hasta que no desarrollara no se le podía tocar", dice Paqui, que junto a su marido decidió criar a Mario como una niña. "Yo quería que fuera niña para que no sufriera pero yo veía que no. Todo el pueblo sabía que era un niño", dice Paqui, que recuerda el sufrimiento de su hijo durante la etapa escolar. "Ha venido muchas veces llorando, vomitaba, no quería ir a clase", dice sobre Mario, que no comprende el error. "Estaban muy perdidos y decidieron cosas que no nos explicamos todavía", dice Mario, al que le extirparon los testículos para evitar que se volvieran cancerígenos.
María, novia de Mario: "A pesar de la malformación, el placer en las relaciones es el mismo"
María y Mario llevan nueve años juntos. "Para mí es una pareja normal. He vivido momentos malos en sus operaciones, hemos pasado mucho tiempo en el hospital, mucho tiempo de recuperación…", dice María, que reconoce que nunca quiso hacer preguntas de forma directa. "Leí todos los informes médicos y bien. Yo había escuchado que había nacido con una malformación, que le habían hecho un cambio de sexo y cuando le conocí me lo aclaró", dice María.
Respecto a su vida sexual, María asegura que es igual que la de cualquier pareja. Mario tiene erecciones normales y con las operaciones no ha perdido ninguna sensibilidad. "La primera vez fue natural, como otra pareja. A pesar de la malformación nos han explicado que la sensibilidad siempre la tiene y el placer es el mismo", dice María, que se someterá a un tratamiento de fertilidad puesto que el semen de Mario no contiene espermatozoides. "No puedo tener hijos lo haremos en una clínica de inseminación. No lo llevo mal, lo llevo muy bien, me gustan los niños y tenemos ganas de que llegue ese momento", dice Mario, que desea que su novia viva la experiencia de ser madre biológica. "Le he dicho que podemos adoptar pero él dice que quiere que sea madre."
Luz: "Mi pareja no sabe lo de mi intersexualidad, tengo miedo al rechazo"
Nunca antes una mujer en España había hablado de su intersexualidad en televisón. 'Conexión Samanta' consigue hablar con Luz, una mujer que tiene genitales femeninos y se siente mujer pero su cariotipo es XY, el masculino. "Las mujeres que viven un síndrome de intersexualidad viven en el silencio", dice Luz.
Luz fue diagnosticada de intersexualidad en la adolescencia. "En la pubertad mis compañeras se desarrollaban, yo estaba plana, no tenía vello y no me venía la regla así que decidieron mandarme a ginecología. Cuando me exploraron se dieron cuenta de que algo no marcha bien. Las mujeres tenemos dos agujeros: uno para orinar y otro para la vagina, ese no lo tenía desarrollado. Lo que tengo es síndrome de Swyer que es una enfermedad genética en la que mi cariotipo es XY pero me he desarrollado como una mujer. Soy una mujer por fuera y me siento así pero por dentro no tengo ni útero, ni ovarios y tenía dos gónadas rudimentarias que pertenecían a lo que debía ser un órgano sexual masculino y no se llegaron a desarrollar", explica Luz, que comenzó inmediatamente una terapia. "Empiezas con una terapia hormonal sustitutiva y a partir de ahí se va desarrollando la vagina, te van creciendo los pechos. Era como notar que algo se está contrayendo algo, unas contracciones brutales… No se lo recomiendo a nadie", dice Luz, que reconoce que sentía miedo a la hora de tener relaciones sexuales. "Yo tenía mucho miedo pero sí puedo tener relaciones sexuales y satisfactorias", dice Luz, que nunca podrá ser madre. "Es duro cuando ves que una amiga se queda embarazada, tener un hijo dentro es parte de la mujer y yo nunca lo voy a poder vivir."
A pesar de todo, Luz siempre ha tenido claro que era una mujer. "Nunca he dudado de mi feminidad, nunca. Me siento mujer, nunca me he sentido hombre", dice Luz, que aún guarda con celo su secreto. "Mi pareja no lo sabe y mucha gente de mi familia tampoco. No he dado el paso de decir lo que me pasa porque me da miedo el rechazo. Hay un tabú enorme. En la educación se da lo que es ser gay, lesbiana, transexual pero esto... Yo antes de que me diagnosticaran no sabía que era", dice Luz, que lanza un mensaje de apoyo y ánimo a todas las mujeres que se encuentran en su misma situación. "Tienen que ser muy fuertes y sentirse orgullosos. Esto es algo que te hace más especial de lo normal."
Gabriel: "Cuando me puse unos calzoncillos por primera vez me sentí apropiado"
Gabriel nació con cromosomas masculinos pero con genitales aparentemente femeninos. "Nací con una intersexualidad 46XY, es decir, nací cromosómicamente varón pero los genitales que tenía cuando nací parecían femeninos. Pensaron que era una niña y me asignaron sexo femenino. Me llamaron Patricia y me educaron como una niña", dice Gabriel que siempre estuvo en punto de mira de todo el mundo por su aspecto. "Tener características masculinas siendo supuestamente una chica suponía colocarte en el punto de mira de todo el mundo. Rumores y comentarios, algunos muy agresivos", explica Gabriel, que durante muchos años intentó ocultarse. "Me afeitaba con la cuchilla de mi padre  a escondidas. Eso tenía un componenente de ansiedad tremendo", reconoce Gabriel, que tiene que ponerse diariamente testosterona suplementaria. "Cada mañana cuando salgo de la ducha me pongo la dosis. Hace la función de la testosterona que no producen mis testículos porque ya no están."
Cumplida la mayoría de edad, Gabriel es por fin diagnosticado. "Con 18 años me descubren que tengo los testículos alojados en las ingles y que no son funcionales. Yo cuando nací tenía un pene muy pequeño. Podía pasar por un clítoris y tenía un hipospadea, que es que la uretra en lugar de salir por el extremo distal sale por cualquier otro punto del pene. En mi caso estaba en el escroto. En aquellos años es fácil que hubieran intentado feminizar porque quirúrgicamente es más fácil crear unos genitales femeninos y con ello me hubieran quitado sensibilidad, la posibilidad de tener sexo placentero y me hubieran complicado mi desarrollo en la pubertad", que aún recuerda la primera vez que se puso unos calzoncillos. "Me sentí apropiado cuando me los puse", dice Mario que consiguió que en 1991 por fin se reconociese legalmente que había sido un hombre desde el momento de nacer.

Tras ser diagnosticado y empezar a vivir como un hombre, Gabriel quiso borrar su pasado. "El Gabriel de 19 años no quería acordarse de su vida. Es algo tan traumático, tan aversivo y que te avergüenza tanto que no quieres que quede ningún rastro. Luego entiendes que forma parte de tu biografía. A partir de los 30 fue cuando me di cuenta. Cuesta asumir una situación así. Había 20 años de mi biografía que no podía contar a nadie, todas mis raíces estaban desaparecidas, borradas, ocultas y me producían vergüenza. Cuando hice esa vuelta atrás a recuperar mi historia y a vi que había 21 años de mi vida que no podía contar y que tenía que empezar a contar", dice Gabriel, que en el registro de la Iglesia Católica sigue constando como chica.
La infancia y adolescencia de Gabriel fue muy dura. "No me sentí nunca una niña pero me decía que tenía que convencerme de que era una tía y dejar de imaginar que era un tío. Pero pronto empiezas a cambiar. Con ocho o nueve años mi aspecto era más masculino, los niños del colegio se metían conmigo. Con esta edad no sabía lo que me pasaba. Luego, empecé a tener barba y bigote, tenía nuez", dice Gabriel, que cuenta que en su familia hay antedecentes de intersexualidad. "Hay una persona con una ambigüedad genital. Era hermana/hermano de mi abuelo. Imagínate que en el campo granadino donde nadie sabía leer y escribir nace alguien con las dos cosas. Decidieron criarlo como niña para que no hiciera el servicio militar. Esto era un tabú del que no se hablaba. Cuentan que se afeitaba, que tenía mucha fuerza..."
Ya a los 19, Gabriel empieza a funcionar socialmente como un chico. El nombre estaba claro. "Siempre se escuchaba en casa que si hubiera sido un niño me hubiera llamado Gabriel José, como mis dos abuelos. Por fin era yo", dice Gabriel, que hace ejercicio para desestresarse. "Tenía ansiedad, me estresaba y el ejercicio me venía muy bien porque me relajaba. Esto me lo provocan las consecuencias de haber vivido ese episodio. Las cosas no tienen por qué ser problemáticas siempre que tu entorno sea acogedor y recibas apoyo pero lo mío no fue así. Fueron varias décadas de eventos muy traumatizantes. Me pegaban, me insultaban, sentía rechazo, miedo, soledad… Me han quedado secuelas, aunque cada vez menos. Tenía mucha ansiedad, me alarmaba rápidamente por cualquier cosa, tenía pesadillas, revivencias... Aún de vez en cuando tengo alguna pesadilla y sueño que estoy en esa situación de nuevo, que soy agredido. Vuelves atrás."
La legislación sobre la intersexualidad
Aunque la intersexualidad es una situación poco frecuente sí es habitual. Hay más intersexuales que mujeres transexuales y sin embargo estas tienen una mayor visibilidasd. Respecto a la legislación, en Alemia hay una específica para intersexualidad. Desde 2013, Alemania permite no especificar el sexo de los recién nacidos en documentos de identidad mientras que en España es obligatorio indicar si el bebé es masculino o femenino antes de 30 días. "El poner el sexo de alguien en un carnet no sé si tiene mucho sentido, más en un país como el nuestro que no hace falta tener un sexo para casarte, hacerte una cuenta… El hecho de no tener una obligatoriedad podría ayudar a tomar decisiones con más calma, hacer análisis, ver como evoluciona y a  partir de ahí tomar decisiones, que seguramente serán mucho mejor pensadas." Y es que, a día de hoy, si el bebé es intersexual los médicos determinan cuál de los dos sexos es más latente.
Mario, sobre la reacción de sus padres: "Lo peor fue no sentirme acompañado nunca"
Gema es la hermana de Gabriel y fue la primera persona que supo que su hermano era intersexual. Sin embargo, ella sabía había algo diferente. "Nosotros compartíamos habitación, nos bañábamos juntas, miraba su vulva y notaba que no era como lo que yo tenía. Cuando me lo contó, dije, 'ahora sí lo entiendo, lo que no entendía era lo de antes'. Que fuera Gabriel era lo más normal", dice Gema, que cree que sus padres no supieron reaccionar. "Recuerdo a mi madre llorar. Yo les digo que lo hcieron mal pero no puedes quedarte parado, inténtalo todo. Supongo que les superó", dice Gema. Con el paso de los años, la relación familiar se ha roto. "No hubo intento de buscar información, ver si había soluciones… Lo dije y no se habló más de eso… Los padres tienen que hablar y cuando empiezo a ser un hombre actúan como si siempre hubiera sido así. Ahora no tengo ninguna relación con ellos porque no es que llevaran mal aquello, sino que también se llevaron mal otras cosas. Entiendo que mi vida es complicada. Era niña, ahora es niño, y ahora es gay. Lo peor fue no sentirme acompañado en ningún momento."
Julita: "No soy ni hombre ni mujer, ni todo lo contrario"
Julita es físicamente una mujer pero no se identifica con ninguno de los dos géneros. "Yo me defino como 'Genderqueer'. No soy ni hombre ni mujer, ni todo lo contrario. No considero que haya cosas de un género o de otro y si lo hay, utilizo lo que más me gusta. Anatómicamente yo soy una chica pero siempre me he sentido diferente. Yo me considero de identidad de género queer, en la expresión de género yo soy andrógino, mi sexo biológico es hembra y mi orientación sexual es bisexual", dice Julita, que es coordinadora del área bisexual de FELGTB y colabora con COGAM. "A raíz de leer te das cuenta de que eres diferente y de que hay más gente como tú. Nunca lo expresas porque no estás a disgusto con tu cuerpo y no tienes la necesidad de decírselo a todo el mundo", dice Julita, quien en un futuro desearía formar una familia. "Me gustaría tener hijos y los criaré sin hacer hincapié en el género. Mi hijo decidirá si quiere ser niño o niña. No le pondré vestidos", dice Julita, que cree que es fundamental cambiar la educación. "Nos educan con una serie de patrones que cuando sales de ahí eres el diferente. Por qué es tan necesaria esa distinción. Son patrones que la sociedad te dice a día y que tú acabas superando."
Isabel Esteva, médico: "No siempre la intersexualidad se detecta al nacer"
Tras conocer a Mario, Samanta Villar contacta con la doctora Isabel Esteva, que dirige la unidad de trastorno de identidad de género del Hospital regional de Málaga. "Algunas veces se detecta al nacer y otras no pero no siempre se manifiesta al nacer con genitales ambiguos, esa es una de las situaciones que ocurre y la más dramática. Hay algunas que se manifiestan a partir de la pubertad y otras a partir de los 30. A esa edad te enteras que tienes una alteración en tu diferenciación sexual", dice la doctora, que lleva doce años tratando a Mario. "Su infancia fue complicada. Desde hace doce años todo ha sido una lucha con varias cirugías, tratamientos hormonales y quitarle cosas que podían ser muy graves pero ha sido un cambio de felicidad porque la identidad está muy clara y hemos podido ayudar bastante con las cirugías, las hormonas, urología… le hemos tratado con las psicólogas para afianzar esa identidad y saber que era seguro", dice la doctora.