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'Conexión Samanta' aborda el mundo de la noche de la mano de porteros de discoteca

Varón o mujer, miembro de la Unión Europea, sin antecedentes penales, con conocimientos sobre los derechos y deberes fundamentales de la Constitución Española, nociones básicas de delitos contra las personas, la libertad, la seguridad y la salud pública. Este es el perfil requerido para trabajar en labores de control de acceso en locales de copas y discotecas, según datos de la Comunidad de Madrid, autonomía que ha regulado mediante diversos exámenes y la correspondiente acreditación la realización de este tipo de cometidos.

Fiesta ininterrumpida, seguridad continua
Apenas quedaban días para que la discoteca Pirámide de Castellón celebrase entre fuertes medidas de seguridad su fiesta de 15º aniversario. Se trataba de un evento de doce horas de fiesta ininterrumpida al que acudieron 4.000 personas. Francis es el director de la discoteca. Su trabajo consiste en coordinar cada una de las parcelas que la componen a lo largo de la noche (vigilancia, camareros, pista, enfermería…). Los riesgos son muy altos, pero él tiene claro su papel: “Mi función es que, al final de la noche, todo sea perfecto”. Francis reconoce que no es habitual que estos centros tengan una enfermería como la suya, pero avisa de su utilidad: “Sabiendo la cantidad de gente que puede llegar a haber en una sesión, una enfermería debería ser de cumplimiento obligatorio”. Explica que la mayoría de las veces acuden pacientes que se han hecho un corte, han sufrido lesiones leves o son víctimas del abuso de diferentes sustancias. Su respuesta a qué han tomado siempre suele ser la misma: “¡Nada!”, dice Francis entre risas.
A lo largo de la noche del aniversario de Pirámide, conocimos a algunos de los jóvenes que se acercaban hasta allí y vimos cómo la policía interceptaba a dos de ellos consumiendo drogas en el interior: “Los desalojamos y les pedimos que tiren la droga, pues están cometiendo un delito”, afirma uno de los policías.
Los riesgos de la noche
En el barrio madrileño de Arganzuela Samanta conoció a Víctor, un hombre que lleva más de veinte años como portero en locales nocturnos, aunque también ha trabajado como guardaespaldas de famosos y empresarios. Su físico es imponente: casi 120 kilos de peso, barba, pelo rapado y el cuerpo lleno de tatuajes. Víctor, también conocido por el alias de Hans, afirma que “el mundo de la noche es muy complicado y las broncas suelen acabar mal. Hay gente que puede parecer que no es peligrosa, pero sí lo es”. Habla por experiencia: tiene una herida de bala en un gemelo y la cicatriz de una puñalada que le atravesó el cuádriceps.
Víctor vive solo con su perro y se considera una persona pacífica, aunque reconoce que en el pasado no lo fue. “He sido agresivo en mi vida. Por ejemplo, he seguido dando golpes a una persona cuando ya estaba en el suelo y sabía que la tenía derrotada. Eso es cruel”. Empezó de portero en un local de Moncloa al que era asiduo. El dueño sabía que era mejor controlarlos a él y a sus amigos antes de que se les fuera de las manos. Sin embargo, afirma que nunca ha tenido miedo en todos estos años dedicándose a la seguridad nocturna: “Si vives con miedo, no trabajas de esto”. Como otros profesionales similares, no se ve trabajando como encargado de seguridad a largo plazo.
Mientras la ciudad duerme
También en Madrid trabaja Otto, jefe de seguridad en el Teatro Barceló. Lleva 23 años en la seguridad de locales nocturnos y se siente orgulloso de ser siempre el primero en llegar y el último en irse. Normalmente cierra la discoteca sobre las seis de la mañana, después de haber comprobado las puertas y los baños para asegurarse de que no queda nadie. Sin embargo, su jornada no termina hasta que llega a casa para preparar el desayuno de sus hijas.
“Me gusta mucho el día: hacer deporte, estar con los niños, etc. ¿Quién va a educar a mis hijos? Quiero hacerlo yo”. Se considera afortunado, ya que sólo necesita dormir tres horas por la noche y otras tres por la tarde. “Otros porteros no tienen tanta suerte como yo”.
En Alcalá de Henares conocimos a Vixen, que también trabaja como jefe de seguridad en otra discoteca. Vixen reconoce la importancia de cuidar su cuerpo: “Es mi herramienta de trabajo, tengo que estar preparado para cualquier pelea o altercado a cualquier hora de la noche”. Por eso, el físico es importante a la hora de transmitir autoridad: “A primera vista, ya estás poniendo una barrera”. Como otros en su profesión, combina su trabajo en la seguridad nocturna con otro, que en su caso es el de stripper. Reconoce ser uno de los pocos jefes de seguridad que realiza este tipo de espectáculos en su propio local.
Para Vixen, el mayor peligro que un portero o vigilante puede encontrar en una noche no es una navaja o un cuchillo, sino una botella de cristal. Aun así, recuerda haber tenido que quitar una pistola en una ocasión: “En esos casos, no existe la suavidad: se le parte la mano si es preciso”. Los vigilantes se exponen a muchas denuncias si llegan recurrir a la fuerza para reducir un altercado, pero también recalca que “el mejor portero es el que no levanta una mano, eso es lo último que hay que hacer”. Eso sí: “Hay veces que te sacan de quicio, así que una cachetada o un empujón no les viene mal”.
Formación especializada que puede salvar vidas
Samanta también ha visitado el lugar donde se produjo uno de los casos más sonados en el mundo de la noche: el del portero del complejo de ocio Maremágnum, quien se entregó a la policía tras golpear y arrojar al mar al ciudadano ecuatoriano Wilson Pacheco. Este incidente, ocurrido en 2002, “influyó muy negativamente en el sector”, afirma José Luis, instructor de seguridad. La normativa vigente en la actualidad se hizo a raíz de casos como ese, uno de los mayores sucesos ocurridos en el sector, superado el pasado año por la tragedia del Madrid Arena, cuya reapertura ha tenido lugar hace unos días, pese a que el Ayuntamiento de Madrid admite no haber reforzado la seguridad del recinto. “Se debería tener una formación continua y especializada en casos de evacuación de masas para evitar casos como el del Madrid Arena. A raíz de este caso han aumentado las inspecciones de seguridad en salas e incluso hay una unidad de la Policía Nacional especializada en seguridad en grandes eventos”, asegura José Luis.
Este profesional da clases a personal de seguridad, que a diferencia de un portero sí pueden ir armados. Sigue un sistema de defensa personal israelí llamado Krav Maga, que aumenta las posibilidades de reducir al oponente sin que este sufra daños. Las máximas que José Luis instruye a sus alumnos son: “No golpear, no lesionar, no hacer daño en la nariz y no hacer cortes”, afirma ante las cámaras de “Conexión Samanta”.