Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

La realidad supera a la ficción en ‘Urgencias’

Samanta Villar desentraña los tópicos de una guardia de 24 horas en un hospital de urgencias y durante el turno de noche de una unidad móvil, en el estreno de su cuarta temporada.

La periodista se pone la bata durante un turno completo de guardia y acompaña a Francisco Almazán, médico de urgencias en el Hospital Santa Lucía de Cartagena, y Mª José Hermoso, miembro del equipo paramédico del UME. Junto a ellos, Samanta acaba con el mito de las series de televisión médicas y nos enseña una importante lección: ‘La realidad supera a la ficción’.
En ‘Urgencias’ todo es lo que parece
Sin prisas. Así empieza Francisco su turno. Fresco como una rosa, atiende un infarto, y lo hace sin estrés, sin gritos, con el equipo justo en la sala y con mucha paciencia. En Urgencias no se corre, primer mito que desmentimos. Las caras serias, es el segundo: “Siempre es más agradable trabajar de buenas que de malas. Si realmente la vida del enfermo no peligra, no hay que poner cara de seriedad, asegura Francisco.
 
Samanta va descubriendo a medida que avanza su turno que para aguantar bien la presión, hay que nacer con un don. Es un trabajo en el que se descarga adrenalina, pero en el que hay que aparentar tranquilidad y lidiar con la tensión de los familiares cuando acuden a Urgencias o llaman angustiosamente a una ambulancia.
Un buen médico nunca recomendaría su estilo de vida a nadie, ‘haz lo que yo diga y no lo que yo haga’, bromea Francisco. El cuerpo se habitúa a todo, durante un turno de 24 horas un médico puede llegar a dormir dos horas y media. ¿Es un buen método para salvar vidas?. Francisco asegura que llegado a ese estado no se pueden tomar decisiones serias, pero la responsabilidad de tener vidas en tus manos, requiere el esfuerzo.
Lar urgencias pediátricas es otro ejemplo de lo que es capaz de entregar un médico a sus pacientes. Con los niños todo es diferente, tranquilizar a sus padres es lo más importante. Los niños reflejan las sensaciones de los adultos y una sonrisa a tiempo, remedia llantos y complicaciones.
Samanta se emociona ante el milagro de la vida
El turno de guardia de Samanta recoge uno de los más intensos y emotivos momentos de la vida: el nacimiento de un bebé. Junto a la matrona, la periodista asiste a un parto en la Unidad de Urgencias y es testigo del feliz acontecimiento, largo, doloroso y muy emocionante. Las lágrimas de la madre al coger por primera vez a su bebé, emocionan a todos los presentes.
Hacer la calle…en una ambulancia
El equipo de una UME, (Unidad médica de emergencia), está formado por un médico, un enfermero y un conductor. Los turnos de guardia de 24 horas se recompensan con cuatro días de libranza, y durante todo un día y toda una noche, el cerebro no para de pensar.
Desde que el equipo recibe una llamada, el cuerpo se activa, la mente ya está en el escenario. Son miles los trucos que un equipo de UME llega adquirir para reducir el estrés. Desde comidas poco copiosas y que no incluyan mucho movimiento, por si hay que salir corriendo, dormir vestido, abastecer la ambulancia siempre que se pueda y nunca sacar las cosas de ella hasta que no llegue el relevo.
Lo mejor, la utilidad que se siente al hacer un servicio social. Lo peor, las críticas y los malos recibimientos. Mucha gente les acusa de llegar siempre tarde y no tienen en cuenta que tienen que trasladarse. Mª José, coordinadora médico del Servicio de Emergencias 061, cuenta a Samanta que la manera de combatir la calma entre tanto caos es “pensando sólo en el paciente y en cómo se siente”.