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Cientos de padres siguen buscando a sus hijos desaparecidos en Guatemala

La pobreza en Guatemala propicia el robo de niños con fines sexuales o de tráfico de órganos ante la indiferencia social y la inoperancia policial. Samanta Villar convive con varias familias que han sufrido la desaparición de un hijo pocos días antes de que se celebre el día del niño en el país.

Maribel y Guillermo se mudaron a Jalapa, en Guatemala, con su hijo Kenneth escapando de las maras. En diciembre de 2009, el pequeño de cinco años desapareció. Unas vecinas fueron halladas culpables del secuestro y el niño fue encontrado ocho días después sepultado bajo una pila de cemento junto a su casa. “Lo asesinaron porque no pudieron sacarlo del país”, explica el padre.
Yo antes no sabía lo que era el dolor. Yo había perdido a mi mamá y no es comparable. Con este dolor uno ya no puede volver a ser feliz”, asegura la madre de Kenneth que se niega a tirar la ropa y juguetes de su niño: “Si lo tiro siento que le estoy haciendo daño”.
La ley Alba-Keneth previene que se repitan casos como el de Kennito
El asesinato de Kenneth marcó un cambio de legislación en Guatemala. La ley de Alerta Alba-Kenneth se activa inmediatamente cuando se reporta la desaparición de un menor de edad, coordinando las fuerzas de seguridad del estado y apoyando a los medios de comunicación para la pronta difusión de la información.
Actualmente, la unidad de alerta Alba-Kenneth investiga 1.130 casos de niños desaparecidos. Guillermo trabaja con la fundación Sobrevivientes divulgando la ley de alerta. Ha recorrido todo el país dando charlas a policías, familia y colegios.
La esperanza es lo último que se pierde
Samanta habla también con Juana Castillo. Su nieto, Brayan, desapareció con cinco años el 18 de enero de 2012. La madre, Patty, lo dejó bajo el cuidado de su hermana de siete años y el pequeño fue solo a buscarla  al trabajo. Cuando ocurrió, nadie las ayudó a encontrarlo: “En el barrio les da igual, no le dan importancia”, explican. Juana tiene fe en que el niño sigue vivo y desde entonces lo busca sin descanso.
Una organización criminal se llevó a las dos hijas de Mildred para darlas en adopción. A una de ellas se la robaron del vientre durante un chequeo médico. Dos años después fueron encontradas porque la propia madre receptora de la adopción se puso en contacto con ella. Las personas responsables del secuestro están libres y pendientes de juicio.

Desde España se lucha contra el tráfico de niños a nivel internacional. Jose Antonio Lorente es el director y fundador del programa DNA Prokids. Ha realizado más de 600 identificaciones positivas de menores mediante pruebas de ADN. Lorente explica que, además, es un sistema disuasorio: “Los criminales ya saben que un niño que es dado en adopción va a ser identificado genéticamente”.