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Callejeros: Espíritu Santo

Joaquín se sube en el coche y esnifa dos rayas de cocaína justo antes de ir a buscar a su hijo al colegio. Este gitano, padre de siete hijos, asegura que vive sólo de lo que saca de vender en el mercadillo del barrio. Joaquín es uno de los 3.000 habitantes de la barriada del Espíritu Santo en Murcia. Espíritu Santo es un reportaje de Tábata Peregrín
En esta zona al noroeste de la capital murciana vive también Josefina, una mujer de 70 años, enferma de los nervios a la que los chavales de la plaza disparan balines y arrojan sillas contra la ventana.
Payos y gitanos conviven en un precario equilibrio en este rincón murciano que nadie de la capital visita porque "nos tienen miedo". Ni siquiera la policía local, con una comisaría en pleno barrio puede hacer nada. "Venden droga pared con pared nuestra", cuenta un agente que lleva 15 años patrullando la barriada.
A Jose Luis, pensionista, le arrojan jeringuillas al patio de su casa. Dolores no puede dejar destapada la comida del día porque se llena de cucarachas. Y en medio de todo, Jose María trata de rehacer su vida después de veinte años en la cárcel, con un precioso bebé, su hijo, al que se come a besos.