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Callejeros se adentra en el mundo de 'Los Pitufos' de Huelva

callejeros pitufoscuatro.com

Les conocen popularmente como Los Pitufos pese a que “Papá Pitufo murió hace muchos años y aquí solo quedamos ya los pitufillos”, como afirma Vicente, un vecino de la calle Gonzalo de Berceo, en Huelva. Y es que lo único que une a los personajes que protagonizan el entrañable cómic del belga Pierre Culliford y a los más de mil vecinos que habitan estos doce bloques de viviendas sociales del barrio onubense de La Orden, es el color azul de algunas de sus columnas centrales.

Por lo demás, la vida en ambos ambientes es muy distinta. “Este es un barrio normal, con gente buena y gente mala como en todos lados”, según Alba, quien acompaña a su amiga Mari en un paseo a bordo de su nuevo descapotable. “Voy a bordear lo más grande. Me ha costado algo más de 4.000 euros que he pagado en metálico, los he ahorrado trabajando en el campo”, relata.
José es propietario de un ultramarinos “que está abierto hasta las dos de la mañana, éste es el punto de reunión de los jóvenes”, nos cuenta ‘La trianera’, como le gusta hacerse llamar entre los vecinos por las sevillanas de contenido erótico que dice componer. “Cada día me saco 400 o 500 euros con ofertas de pan de cinco vienas a un euro”.
Más amable es la actitud que mantienen a escasos metros otros dos canes. Son bulldogs franceses y se aparean en presencia de sus propietarios. “Los echamos para vender a las crías y sacarnos unos euros, como también hacemos con los pájaros”. Habla Óscar.
Y es que la tasa de paro en Gonzalo de Berceo es muy alta, “mira todos los chavales aburridos en la plaza” nos señala Vicente, otro vecino. Francisco, a punto de tener a su cuarto hijo, lleva “cuatro años sin dar un palo al agua”, apenas se dedica a cultivar uno de los nueve huertos que los vecinos han labrado aprovechando terrenos baldíos.
El estigma planea sobre estas viviendas sociales de la calle Gonzalo de Berceo pese a que ha cambiado por completo en los últimos años, según sus habitantes. Para ellos, la clave estuvo en marzo de 2009, cuando unos altercados con la Policía llevaron a los agentes a acordonar la zona durante varios días.
Mohamed pasea a su bebé de meses con una pulsera telemática en el tobillo. “Tengo el tercer grado por un delito de drogas, cocaína y heroína, me pillaron cuatro o cinco kilos”, confiesa.
Y es que los vecinos intentan poner buena cara al mal tiempo y mirar con optimismo al futuro. Lo hacen desde las plazas traseras a los bloques, donde tiene lugar la mayor parte de la vida social, al atardecer.
'Los Pitufos', es un reportaje de Álvaro Martín.