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Así viven algunas de las personas más golpeadas por la crisis, los mendigos

El diez por ciento de las personas sin hogar ejerce la mendicidad en España. En nuestro país hay 23.000 personas sin hogar, cerca de la mitad se encuentra en esta situación por la pérdida de su trabajo. Antonio, Diana, Chema, Esperanza, son sólo algunos de los nombres que se esconden detrás de los últimos datos publicados por  el Instituto Nacional de Estadística.

Diana era profesora en Argentina y realizó estudios de geriatría. Vino a España para estar junto a su familia. Desde hace 10 meses vive con sus tres de sus hijos en una chabola, dos de los cuales han desarrollado trastornos mentales por vivir en estas condiciones: Uno de ellos ha desarrollado Síndrome de Diógenes. El otro es esquizofrénico y ha llegado a amputarse los genitales. “No me educaron para estar pidiendo.  Sólo nos queda rogar a Dios, que no se si existe”, sentencia la sintecho.
José María acude cada día a la milla de oro de Madrid a pedir limosna. Hace un año trabajaba como camarero. Desde hace 8 meses vive en la calle. “Para la gente eres invisible y no se dan cuenta de que esta situación llama a tu puerta y no pide permiso para entrar, le puede pasar a cualquiera”, nos cuenta.
Cerca de 8000 personas sin hogar tienen titulación universitaria. Antonio ganaba 3000 euros como economista. Lleva 8 meses viviendo en un pasaje comercial de Huelva. Pasa su tiempo libre leyendo y analizando el PIB europeo “en algo se tiene que notar que soy economista”. 
A las puertas de una iglesia de Sevilla acude cada día una mujer embarazada y madre de 4 hijos más a pedir limosna: “Te miran como si fueras un bicho raro, yo lo único que quiero es volver a tener trabajo, no estoy aquí por gusto”.
Tenían trabajo pero la crisis los ha dejado en la calle. “Esto a mí me lo cuentan y me habría reído del que me lo hubieran dicho”, comenta un antiguo empresario de la construcción que ahora vive de la mendicidad en la calle Preciados de Madrid.  Vino con dinero a la capital pero se le acabó al no encontrar trabajo.  Sobrevive día a día con su tristeza y sus sueños rotos.
Diego vive en una casa okupa en Sevilla con su hijo. Lo que gana en la calle es para los dos: “Sería capaz de cualquier cosa antes de verle pedir limosna”, explica este padre coraje. El muchacho le abraza y sonríe ante la adversidad: “Lo bueno de la crisis es que nos ha unido”.
Javier Sierra Oliva publicó un libro de poemas en otra vida. Ahora duerme bajo los soportales de la Plaza Mayor de Madrid. El asfalto y los golpes le han agriado el carácter, pero conserva su talento para el verso: “aunque él tienen nombre, ya todos le llaman mendigo, aunque tu, él y yo y tú seamos el mismo”, nos recita.
“Yo no considero que esto sea un trabajo, es una humillación”, asegura Juan Carlos, que mendiga a las puertas de un supermercado en Cádiz. “Es que si no tenemos trabajo tendremos que pedir… Siempre hemos trabajado, como albañil, camarera y mira ahora.” añade su mujer, Aurora.
También piden juntos Manuel y Esperanza. La pensión sólo les llega para comer en el bar de en frente y viven entre cartones. “A veces queremos hacer el amor y no podemos porque pasa gente”, se queja él.