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JON SISTIAGA: Culiacán, la ciudad de las cruces

Dicen que el Estado de Sinaloa es el granero de México. Que de aquí salen los mejores tomates y las mejores verduras del país. El maiz mas sabroso o las frutas más frescas. Pero también dicen que Sinaloa bien pudiera ser el pudridero de México. Y no sólo porque en las recónditas laderas de su sierra se cultiva la amapola y la marihuana que luego se vende en EEUU, sino porque de esta "tierra caliente" han salido los narcos más conocidos y sanguinarios que han contaminado la historia mexicana los últimos 30 años.
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De aquí son los capos historicos, los viejos y respetados contrabandistas que se pasaron del tabaco a la cocaina, y las nuevas generaciones de patronos: más salvajes, más codiciosos, más ostentosos. Los que olvidaron los antiguos codigos de honor para iniciar una guerra abierta entre cárteles por hacerse con las rutas y los mercados locales. Son los Mayo Zambada, los Chapo Guzmán, los Arellano Felix, los Carrillo Fuentes, los Beltrán Leyba...
Quizas en España sus nombres no suenen mucho, pero todos estos personajes son aqui como Virreyes en sus respectivas zonas de influencia. Manejan millones y millones de dólares, compran voluntades de políticos y policías. Cuentan con ejércitos de sicarios. Ellos son la ley en Sinaloa y en su capital, Culiacán. La ciudad de las cruces. Hay decenas de ellas en las carreteras. Y no representan accidentes de tráfico, como en España, sino los lugares donde fueron asesinados miembros de esos cárteles de la droga. Nadie se atreve a quitarlas.
Todas llevan la fotografía, el nombre, el apodo del sicario muerto, y un "te queremos", o un "no te olvidamos", escrito por sus compañeros de fechorías. Hay una especie de "omertá", de ley del silencio, de anestesia de la conciencia social en Culiacán. Nadie denuncia la apropiación del narco de los espacios publicos. En la calle Juarez hay más de 50 casas de cambio. Fui a pedir que me cambiaran euros a pesos mexicanos pero sólo trabajan en dólares. Sólo cambian en dólares porque es como se paga en el negocio de la droga. Estos lavaderos llegan a cambiar hasta 10 millones de dólares en un solo día.
Culiacan tiene el concesionario de coches Hummer más rentable del mundo. Se ha convertido en el vehículo favorito de la aparatosidad narco. Lo compran con dinero en efectivo, traido en bolsas de plastico, aunque el más barato cueste más de 40.000 euros. Todo el mundo sabe también que es raro que haya 12 casinos en la ciudad. Intenté entrar en uno de ellos con la cámara hasta que uno de los porteros, un gigante malencarado que me retuvo preguntó por radio a su jefe que qué hacían conmigo. "Que si me dejaban del mismo tamaño". Entonces desistí.
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La cultura narco se ha filtrado poco a poco en la sociedad sinaloense. Su estética de sombrero cowboy y botas de punta de piel de avestruz es, para muchos, todo un código de pertenencia a una hermandad delictiva. En los topmanta te puedes encontrar los últimos narcocorridos dedicados "al jefe", al Chapo Guzmán, aunque los vendedores cuando les pregunte quien es ese jefe, me digan en voz baja "sin nombres, por favor". Da igual. La primera canción, "Gatilleros de alta escuela", dice: "Esta gente no tiene miedo a morirse. Ni la cárcel, ni la muerte, no hay nada que los asuste. Aunque toque lo que toque, la orden se cumple..." Y la gente lo compra. Y lo oye. Corridos dedicados a glosar la vida de asesinos o dulcificar sus gestas más sanguinarias.
Me contaba Elmer Mendoza, un escritor local muy famoso que ayudo a Perez Reverte a construir el ambiente de "La reina del Sur", que cuando mataron al cantante Chalino Sanchez, uno de los gruperos más conocidos y apreciados, el sicario le dijo antes de meterle un tiro en la cabeza: "De verdad, quiero que sepa la pena que me de matarlo...". Leyendas alrededor del narco que fijan los mitos.
Mueve el narcotráfico tanto dinero a su alrededor que es muy difícil aislarse de su contacto y por tanto de su contaminación. Los camareros de los restaurantes se pelean por atender las mesas de los capos, ansiosos de propinas de 500 dólares. Son varias las fuentes que aseguran que cuando el Chapo entra en un restaurante de incógnito, sus escoltas cierran el local, requisan los teléfonos móviles de todos los clientes y les obligan a quedarse dentro hasta que el patrono se vaya. Eso sí, les pagan a todos la cena, pero supongo que hay sustos que no tienen precio..
Culiacán, la ciudad de las 10 academias de vuelo, de las 200 avionetas aparcadas en el aeropuerto, de los 500 pilotos diplomados al año. El lugar donde las funerarias establecen locas carreras de coches funebres por llegar los primeros a una balacera y recoger al muerto, porque si toca un narco conocido, toca el mejor funeral, el ataud más caro, y la tumba con los mármoles más exagerados. Los narcos llevan su ostentosa forma de vida hasta la muerte.
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En el cementerio de Humaya han construido toda una urbanizacion de criptas donde están enterrados los grandes capos, sus familiares y sus sicarios más fieles. Mausoleos de hasta tres pisos, de un más que dudoso gusto arquitectónico, y que suponen todo un desafio ético y estético. No se ve en esas tumbas fotografías de narcos ancianos con sus nietos. Casi ninguno enveceje placidamente. O mueren jóvenes o se pudren en la carcel. Por mucho que le recen a Jesus Melverde, el llamado "Santo de los Narcos", un salteador de caminos de principios del siglo XX al que le atribuyen varios milagros despues de muerto.
En el centro de la ciudad, enfrente del edificio de la Gobernación, se alza su capilla. Allí van a rezarle al santo antes de hacer alguna gachupinada, o le mandan mariachis para celebrar que han colocado con éxito un alijo en EEUU. Hay hasta placas con el dibujo de un camión trailer y la leyenda "Malverde bendice mi viaje y permite mi regreso", que es como decir, "dejame entregar el alijo sin que me detengan en la frontera.." Como no sabían que rostro tenía el verdadero Malverde, y como todo icono necesita de una imagen para construir su leyenda, en los años 50 decidieron ponerle cara y utilizaron de molde el rostro de Jorge Negrete, un galán de entonces.
He aquí que el santo-narco tiene bigote recordadito y aires de mariachi trasnochado. A doña Tere, la encargada de la capilla, le caigo simpático. Le gusta mi acento, dice. Me regala una pulsera del Santo, pero antes la bendice con agua ¿milagrosa?: "para que a mi compadre Jon, con esas canitas, no le encuentren nunca sus enemigos y siempre salga victorioso." ¡Pues vaya!, pienso. Oraciones del hampa. Etica de la supervivencia. O matas o te matan..A lo mejor por eso me encuentro en la capilla con dos policías que también han ido a ponerle una vela a Malverde. "¿Pero no es el santo de los Narcos?", les pregunto. "No solo de ellos", responden riendo.
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En Culiacan nadie confía en la policía. Todos creen que están comprados por los narcos. Que son sus ojos y hasta sus brazos ejecutores. Como siempre, habrá excepciones. Entre tanto corrupto habrá algún agente legal, limpio, que crea en su vocación de servidor público. Conocí a uno. Su nombre es Luis Román Jiménez, y trabajaba de forma voluntaria como agente encubierto controlando posibles narcotiendas o lugares calientes del narcomenudeo. Le conoci el dia que estaba de paisano en una cafetería de las afueras. Un amigo periodista me dijo que dos sicarios acababan de matar a un policía en un bar. Cuando llegamos, su cuerpo ensangrentado estaba tirado sobre la mesa, junto a una lata de refrescos. Se llamaba Luis Román Jimenez... Le conocí tarde.
Jon Sistiaga, desde México D.F

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