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Para todos vosotros, mis aventureros: La gran final de la Ruta del Himalaya

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¿Qué voy a hacer después de este domingo? Llega la final y aún no puedo creerlo. La verdad es que no quiero que se termine. Anoche me obligué a verla para poder escribir este mensaje con todo el conocimiento que merecéis. Más allá del resultado final, el último episodio de Pekín Express es un prodigio de edición con un ritmo tan frenético que ayer tuve que tomarme una tila para poder conciliar el sueño. Lo tiene todo: la emoción del recuerdo, la nostalgia, el valor de los que pelearán en ella, el caos de Bombay, el peligro de sus calles, pruebas de habilidad, fuerza, momentos en los que la suerte será fundamental, nervios, calor extremo, risas, peleas, acelerones, frenazos, especias, taxis, motos, playas, bailarines, tatuajes, gritos, besos, entereza, poder psicológico, miedo…across the universe. Siempre he defendido que me siento muy orgullosa de Pekín Express y, por esa razón, lo he acompañado día a día con este blog, pero hoy, la emoción me llena los ojos de lágrimas por muchas más cosas. Me siento además mucho más cerca de vosotros, de mis compañeros y, en general, del mundo. Pekín Express me ha cambiado y ha hecho que todo sea mucho mejor. El contacto de estos meses con todos vosotros es uno de esos regalos que me ha dado el programa. No puedo evitar este tono de despedida pero no será la última vez que escriba en este blog. La semana que viene lo cerraré como se merece. A lo grande. Ahora, debemos concentrarnos en la gran meta de Bombay, en Fran y Merino y Antonio y Carmela, en lo que hemos vivido juntos, en lo que hemos aprendido, en lo importante que es viajar, en la fuerza que nos da a todos esta aventura, en lo que éramos y lo que somos después de Pekín Express. Voy a ponerme algo más solemne de lo habitual dada la cita. Como directora de la carrera me voy a permitir el pediros algo sólo por esta vez: Dejaros llevar por el corazón. Sentaos ante la tele dispuestos a que todos los sentimientos os dominen. No os hagáis los duros. No hace falta. Disfrutad de la épica, de los héroes, del competidor que hay dentro de cada uno de nosotros. Esto no es un viaje de placer. Es Pekín Express: la aventura que pone a cada uno en su sitio. ¡Bienvenidos a la gran final de la Ruta del Himalaya!